Los portabebés más antiguos y sencillos del mundo: las bandoleras

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Una mujer, sujetando a un niño con su mano izquierda, coge un higo. De un relieve de la Dinastía 25 de la tumba de Montemhet en Luxor. Tomado de: http://www.touregypt.net/featurestories/mothers.htm#ixzz3k65RTVjb

“Es costumbre ver en pinturas y relieves de tumbas a niños desnudos colgados de las espaldas de las madres o de sus pechos, envueltos en cortas capas de lino que a modo de bandoleras los mantienen unidos al cuerpo materno, o a alguna parte de su anatomía como los brazos, hombros, o caderas. En ocasiones, el crío que empieza a dar los primeros pasos, va detrás de una mujer pugnando para que ella le acoja.

Cuando la madre está reposando de la lactancia, realizando las labores de la casa o trabajando a la intemperie, acostumbraba a desplazarse con la criatura con independencia y comodidad; un ejemplo se observa en un grupo de madre e hijo que está en Munich y que data de finales de la dinastía XVIII (ÄS 2955). En un óstrakon pintado (O.DM 2447) se ve a un lactante amamantado por una mujer que lo envuelve entre los pliegues de su vestido”.

(…)

“En la tumba de Neferhotep (TT49), se remarca el contraste étnico de las mujeres egipcias, por sus peinados lacios y su porte más esbelto y longilíneo. Los niños van amarrados al cuerpo femenino con lienzos en forma de bandolera que les servían a modo de cuna portátil; uno de ellos busca a su madre insistiendo en ser cogido en brazos. Las palmas de las mujeres vueltas hacia al rostro, muestran un gesto de sumisión y reconocimiento a la autoridad que ostentó en vida el dueño de la tumba”.

Tomado del libro “La lactancia en el Antiguo Egipto” de Manuel Juaneda-Magdalena

“Ha ofrecido su pecho a tu boca durante tres años, con paciencia…”

Sigo leyendo este libro a ratitos…

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“Duplica los panes que debes dar a tu madre.
Llévala como te ha llevado.
Ha cargado muchas veces contigo,
Y no te ha dejado en el suelo.
Luego que te dio a luz tras tus meses,
Ha ofrecido su pecho a tu boca durante tres años, con paciencia
Te ha llevado a la escuela,
Y mientras te enseñaban a escribir,
Ella se sostenía durante tu ausencia, cada día, con el pan y la cerveza de su casa.
Ahora que estás en la flor de la edad, que has tomado mujer y que estás bien establecido en tu casa, dirige los ojos a cómo se te dio a luz, a cómo fuiste amamantado, como a obra de tu madre.
¡Que no tenga que vituperarte,
ni levantar las manos a Dios!
¡Y que Dios no tenga que oír su queja!
(Máximas de Ani. Reino Nuevo).

“¿Y cómo fue el parto?”

El parto fue salvaje, intenso, imparable, irremediable.

Sentí la fuerza de las tormentas y los terremotos,

el miedo ante mi humana debilidad.

Sentí una mano sabia,

también sentí la voz de quien no sabe callar.

En mi delirio final pedí tecnología,

números en la puerta del cérvix

y operaciones controladas a útero abierto.

Pero las cuentas no cuadraban

y entre el instinto y las matemáticas

me dejé llevar por la Naturaleza.

No daba tiempo, su llegada al mundo era inevitable.

Él quería nacer y yo quería impulsarle a la vida exterior.

Era imparable, irremediable…

Tanto como la entrada de un pedazo de mi amante en mi óvulo aquel mes,

tanto como el beso y la pasión que provocaron aquel encuentro.

Toqué su cabeza y la vida se abrió paso brotando entre mis gritos.

Nació.

Callé yo y comenzó él.

Solo buscaba una cosa: mi pecho.

Y yo solo ansiaba otra: acunarlo y darle su néctar escondido…

Sin justificaciones, sin razones, sin permiso de ninguna autoridad.

Nuestro abrazo iluminó la noche en aquel instante,

siendo la pieza que faltaba en el rompecabezas del alma.

Poema erótico del Antiguo Egipto

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(…) Estoy contigo

Y mi corazón salta de gozo.

Cuando tú estás (en mi casa),

si no son brazos y caricias,

(¿qué otra cosa puede ser para nosotros ) el placer?

Si deseas acariciar mis piernas y mi seno,

(no) te (rechazaré).

¿Es que te marchas porque te acuerdas de la comida?

¿Es que eres un hombre esclavo del vientre?

¿Quieres irte a causa de tus vestidos?

¡Yo soy la señora de las más ricas telas!

(¿Es que te vas porque tienes sed?)

¡Toma mis pechos!

Desbordará para ti su contenido.

¡Espléndido es el día en que nos abrazamos!

(…)

Hoy he ido a la piscina y entre chapuzón y siestas de unos y otros he leído este poema del Papiro Harris 500 incluido en el epílogo “La Mama Femenina como recurso literario erótico en la poesía amorosa del Antiguo Egipto” del libro “La Lactancia en el Antiguo Egipto” de Manuel Juaneda-Magdalena. ¡Que se hagan a un lado el porno y el posporno y viva el erotismo fresco y exuberante de estos versos chorreantes!

Los primeros recuerdos de Kabongo…

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Estas son las palabras de Kabongo, un jefe Kikuyu de África del Este. Tenía 80 años cuando dijo esto: “Mis primeros años están conectados en mi mente con mi madre. Al principio ella siempre estaba allí; puedo recordar la sensación reconfortante de su cuerpo cuando me llevaba en su espalda y el olor de su piel en el caluroso sol. Todo provenía de ella. Cuando tenía hambre o sed ella me daba la vuelta hacia donde podía alcanzar sus pechos llenos; ahora cuando cierro los ojos siento otra vez con gratitud la sensación de bienestar que tenía cuando enterraba mi cabeza en su suavidad y bebía la leche dulce que me daban. Por la noche cuando no había sol para calentarme, sus brazos, su cuerpo, tomaron su lugar; al hacerme mayor y estar más interesado en otras cosas, desde mi lugar seguro en su espalda podía mirar sin miedo como quería y cuando el sueño llegaba solamente tenía que cerrar los ojos”. Tomado de la pg. 94 del libro “Touching. The human significance of the skin” de Ashley Montagu. Fotografía: http://www.safarimuseum.com/gallery/#Married+to+Adventure/Photo_19_J352+Kikuyu+Mother+and+Child.jpg

Entrevista a Sarah Blaffer Hrdy en la revista “Working Mother” (“Madre Trabajadora”)

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Ayer encontré esta entrevista a la antropóloga y primatóloga Sarah Blaffer Hrdy que aparece en el ejemplar de abril de 2001 de la revista “Madre Trabajadora” publicada en google books. Me ha parecido interesante aunque las preguntas sean algo tendenciosas, y es que ya lo avisan al principio: “No te sientas culpable por dejar a tus hijos en casa e ir al trabajo”.

Durante la mayor parte de la historia de la humanidad las mujeres no tuvieron que elegir entre eso que luego se llamó tareas reproductivas y productivas. Como en las sociedades de cazadores-recolectores actuales, iban a recolectar comida junto a sus bebés y otras compañeras o familiares durante solamente dos o tres días a la semana. Después, cuando los niños eran algo más mayores, la crianza se facilitaba con grupos de niños de diferentes edades que crecían y jugaban juntos. Bueno, aquí va la entrevista traducida (mil disculpas por los posibles errores):

Pregunta: Todas queremos ser “buenas madres”. Todas tenemos una noción idealizada de lo que significa ser maternal. Pero también queremos y necesitamos trabajar. Dinos: ¿Se puede ser una madre buena y nutricia y también una trabajadora altamente productiva y ambiciosa?

Respuesta: ¡Por supuesto! Entre otros primates como los chimpancés, es parte de ser una madre de éxito – lo que quiere decir una madre que mantiene a sus hijos vivos. A lo largo de la historia evolutiva, todas las mujeres primates tenían que ser madres con una carrera dual, combinando la recolección (ganarse la vida) con criar a sus crías. Pero solamente lo podemos hacer con ayuda de otros. Me gusta el término “alomadres” – individuos, hombre o mujer, que no son la madre, que ayudan a criar a la descendencia. Era esencial que los niños estuvieran en contacto constante con sus madres o con alomadres para poder sobrevivir. Entre nuestros ancestros cazadores-recolectores de la Era del Pleistoceno (el periodo entre 1.6 millones y 10.000 años), algunas madres llevaban a sus hijos con ellas mientras caminaban grandes distancias para recolectar comida. Pero si podían dejar con seguridad al niño con una alomadre complaciente, lo hacían. El problema era, sin biberones y leche pasteurizada, era raramente una opción. ¿Con qué frecuencia otra mujer amamantadora estaría dispuesta a quedarse en el campamento y cuidar un bebé adicional, que no fuera el suyo? Sobre la ambición, la lucha por el estatus – llámalo “ambición” si quieres – no es nada nuevo.

P: En tu libro, muestras cómo la lucha por el estatus estaba genéticamente programada en la psique femenina durante la evolución. Un ejemplo vívido es cómo las madres chimpancés luchan por el estatus porque es la única forma en la que pueden mantener a sus hijos alimentados y protegidos de los depredadores. ¿Son todavía el estatus, la ambición y el ingenio la clave de la maternidad exitosa en la vida moderna?

R: El ingenio, acompañado de sensibilidad a las necesidades de los niños, es todavía la clave de la maternidad exitosa, pero en la vida moderna las conexiones con el estatus han llegado a ser muy complicadas. Es debido a la desconexión entre las demandas de la carrera en las madres y las necesidades de desarrollo de los niños humanos. Obviamente, proveer a sus hijos y mantenerlos seguros debería ser la prioridad más alta de cualquier madre. Aquí es donde la sabiduría y el ingenio aparecen. ¿Cómo puede una madre combinar sus propios objetivos profesionales con alcanzar las necesidades emocionales de su hijo? Las madres tienen que considerar cómo pueden aprovechar la flexibilidad del trabajo o las nuevas tecnologías. Las madres tienen que ajustar sus objetivos para alcanzar las necesidades profundas de seguridad de sus hijos.

P: Si las llamadas “buenas madres” siempre han sido madres trabajadoras, ¿por qué nuestra sociedad sigue debatiendo la cuestión de si las madres deberían trabajar?

R: El truco aquí está en la idea de una madre que deja a su hijo detrás y trabaja fuera de casa. No podemos ya llevarnos a nuestros bebés a trabajar con nosotras, así que a menudo quiere decir que las madres pasan largas horas separadas de sus hijos. Peor – y esta es la parte de la historia en la que las madres trabajadoras les parecerá difícil escuchar – los niños de hoy tienen la misma necesidad emocional de estar en contacto consistente con alguien.

P: Saber que los niños se apegan más fuertemente a las madres es un intenso placer a la vez que una responsabilidad temible. ¿Qué hace a una madre ser el objeto más probable de apego primario de un bebé?

R: Bueno, la madre está ahí, en el lugar, cuando el bebé nace, ya hvormonalmente preparada para responder a las señales infantiles. En unos días, puede reconocer a su hijo solamente por el olor. No hay duda sobre su maternidad – el bebé es de ella, y la Madre Naturaleza (mi metáfora para la selección natural de Darwin) ha establecido el umbral de una nueva madre para responder a estas señales muy bajo, haciéndola más sensible, para que responda rápidamente a los sonidos, vista, y olor de su bebé. Y durante los últimos meses de embarazo, el bebé ha aprendido a reconocer su voz. La madre es cercana, suave y caliente.

P: ¿Pueden los padres adoptivos ser tan cercanos para el bebé?

R: Si alguien que no sea la madre – una alomadre como el padre o una madre adoptiva – se convierte en la persona más sensible y cariñosa en escena, el niño se apegará a esa persona. El apego infantil se basa en el desempeño, no en la genética. Algunos de los cambios fisiológicos que encontramos en madres “reales” tienen lugar en alomadres. Por ejemplo, en las especies de monos como los tamarines, donde los machos cuidan a los niños, los niveles de prolactina están más altos en los machos que llevan a los bebés que en los machos que no actúan de forma paternal. La investigación preliminar sugiere cambios similares en los padres humanos que se involucran en el cuidado infantil de forma cercana.

P: Si los bebés humanos pueden prosperar si son cuidados por cuidadores sensibles y consistentes, ¿hay algo más aparte de la leche materna que solamente una madre pueda proveer?

R: Nada de lo que se me pueda ocurrir. Cualquier persona puede aprender a amar a un niño y comprometerse con su bienestar. Pero las madres no deberían engañarse a sí mismas pensando que ese compromiso viene facilmente. Merece mucho la pena emplear el tiempo de la madre en suavizar la transición antes de que vuelva al trabajo.

P: ¿Qué desafíos parentales tienen en común las madres animales con las humanas?

R: Los compromisos – todas las madres tienen que hacer compensaciones entre la subsistencia maternal y el bienestar, y el esfuerzo y los recursos que implica criar a la descendencia. Porque debido a que los niños humanos tardan tanto tiempo en madurar y tanto esfuerzo en criarlos, las madres están constantemente tomando decisiones. ¿Debería invertir más en este niño o menos? ¿Tomar algún atajo o sacrificarme? Un cierto grado de ambivalencia, de sentimiento “desgarrado”, está construido en la condición maternal.

P: Ese sentimiento “desgarrado” suena familiar a cada madre que haya tenido que dejar a sus hijos detrás para ir a trabajar. Si las madres siempre han sentido el conflicto entre trabajar o quedarse en casa con los hijos, ¿hay alguna evidencia de que nuestras ancestras se sintieran reacias a dejar a su descendencia detrás mientras recolectaban, cazaban o “trabajaban”? ¿Sentían algún tipo de culpa?

R: Obviamente, esto dependería en con quién dejaría una madre a su hijo – por ejemplo una abuela en la que se confía o en un niño/a de 10 años ansioso pero posiblemente incompetente. Pero sí, estoy segura de que las madres recolectoras que dejaban a sus hijos en el campamento se sentían preocupadas por ellos. De todos modos, había una diferencia crítica. La madre recolectora que tomaba la mala decisión perdía a su hijo por culpa de un depredador u otra amenaza mortal. Por supuesto, las madres humanas se preocupan de haber elegido al cuidador erróneo, pero estadísticamente, las alomadres abusivas – como la aupair Louise Woodward, que fue acusada de zarandear al niño a su cargo y matarlo – son raras.

P: ¿Cuál es tu mayor preocupación sobre cuidado infantil?

R: Los niños necesitan tiempo de cantidad y calidad de un cuidador sensible a sus necesidades, así que las mejores alomadres son a menudo familiares. Pero en nuestra economía móvil, ¿cuántas madres pueden contar con hermanas, tías-abuelas, abuelas para estar allí todos los días? El cuidado de los niños tiene que ser a pequeña escala, con un gran grado de continuidad en la identidad de los cuidadores. Los bebés se pueden sentir apegados a varios individuos diferentes a sus madres, pero hay límites. Idealmente, cuanto más estable sea la situación, mejor.

P: Como dices en Mother Nature, el tiempo que los padres emplean directamente cuidando a los niños no ha cambiado mucho – “solamente unos pocos minutos adicionales por semana desde el comienzo del siglo XX”. ¿Hay algo que podamos hacer para fomentar en los hombres sentimientos de inversión en sus hijos, para que pasen más tiempo con ellos?

R: ¡Oh, sí! Estoy convencida de que existe lo que pienso como un “componente maternal” en todos los machos primates. La involucración masculina con los niños es más probable que se suscite de una proximidad prolongada, de la necesidad del niño, y de la relación del hombre con la madre. La película “Tres hombres y un biberón”, sobre tres hombres que encuentran un bebé abandonado en su puerta y se involucran mucho con el bebé emocionalmente, es bastante exacta.

P. ¿Por qué la sociedad moderna humana – al menos en EEUU – no se da cuenta de que es en el mejor de los intereses el hacerlo mejor para los niños financiando y apoyando guarderías públicas?

R: No lo sé; tiene tan poco sentido. Quizás es la ilusión de que las madres se quedarán en casa, y los funcionarios públicos tienen miedo de ofender a los votantes que piensan que debería ser así. El cuidado de los niños es algo controvertido porque hablar de ello se ve como estar haciendo una declaración sobre lo que deberían hacer las mujeres. Alguna parte de la respuesta, puede ser ignorancia sobre lo serias que son las implicaciones sociales de las guarderías pobremente financiadas.

P: Se honesta. A pesar de todo lo que sabes, ¿te preocupó dejar a tus niños en casa cuando trabajabas?

R: Por supuesto. A menudo me preguntaba, ¿debería haberme tomado más tiempo cuando mis niños eran más pequeños? Fue solo al escribir Mother Nature cuando comencé a considerar las necesidades de los niños desde el punto de vista de los niños. ¡No puedo esperar a convertirme en abuela!

Partos en la literatura: el Lazarillo de Tormes

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Hoy os dejo con un parto literario sin asistencia, el del mismísimo Lazarillo de Tormes (Anónimo, 1554) y aviso que el concurso que estoy preparando va a ir por ahí: la infancia y la maternidad en los libros o en la historia (por si alguien quiere ir buscando algo…)

“Pues sepa Vuestra Merced ante todas cosas que a mi llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tomé González y su Antona Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca. Mi nacimiento fue dentro del río Tormes, por la cual causa tomé el sobrenombre, y fue desta manera. Mi padre, que Dios perdone, tenía cargo de proveer una molienda de una aceña que está ribera de aquel río, en la cual fue molinero más de quince años; y estando mi madre una noche en la aceña preñada de mí, tomóle el parto y parióme allí. De manera que con verdad me puedo decir nacido en el río”.

¿Podemos aprender algo del parto !Kung?

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“Las mujeres embarazadas enfrentan el parto sin instalaciones médicas y sin parteras tradicionales u otros especialistas de nacimiento a los que recurrir. La posibilidad de dar a luz a menudo es aterradora, especialmente para las mujeres embarazadas por primera vez; ellas son las que tienen más probabilidades de sufrir complicaciones o morir. La tasa de mortalidad general en el parto (dos muertes maternas de cada quinientos nacimientos registrados), sin embargo, es bastante baja – ciertamente no es inusual en culturas sin atención médica moderna. Se ha sugerido que esta incidencia podría ser mayor si no fuera por la actitud bastante estoica de las mujeres !Kung hacia el parto: esforzándose por dar a luz solas o con ayuda mínima, disminuyen el riesgo de infección. Aunque el parto solitario es el ideal cultural declarado, a menudo otras mujeres ayudan, especialmente con un primer parto. Una mujer joven puede preferir tener a su madre u otras mujeres de la familia cerca, pero si está viviendo con la familia de su marido, recibirá la ayuda de sus parientes femeninos. Incluso cuando hay otras personas presentes, sin embargo, la propia mujer se considera responsable – excepto en las raras ocasiones en que Dios interviene caprichosamente – del progreso del trabajo de parto y el parto mismo. Un parto sin complicaciones refleja su aceptación plena de tener hijos: se sienta en silencio, no grita o llora pidiendo ayuda, y mantiene el control de todo el parto. Un parto difícil, por el contrario, muestra su ambivalencia sobre el nacimiento, e incluso puede ser visto como un rechazo del niño”. Pg 161 de “Nisa: The Life and Words of a !Kung Woman” de Marjorie Shostak.

Para que nos entendamos, 2 muertes por cada 500 partos es lo mismo que decir 400 muertes por cada 100.000 partos. En España llevamos años por debajo de 7 así que, desde nuestro punto de vista actual, es una mortalidad altísima. En EEUU están en 28 y en Suecia en 4. Sin embargo, históricamente, los datos de la cultura !Kung tienen mucho que aportar. Vamos a leer lo que se afirma en este artículo tan interesante, sobre el parto atendido por matronas en Suecia (artículo de Juan Gervás en Acta Sanitaria):

“En 1881 las normas higiénicas en el parto se impusieron legalmente, pero además se desarrolló todo un conjunto de instrucciones sobre nutrición y asistencia al recién nacido, como la promoción de la lactancia materna. Por consecuencia, entre 1800 y 1900, la mortalidad materna en Suecia bajó de 900 a 200 por 100.000 (casi la mitad que en el Reino Unido y la cuarta parte que en Estados Unidos, para el año 1900)”.

Es decir, en 1800 en Suecia morían 900 mujeres atendidas por profesionales mientras que en la cultura !Kung del siglo XX, sin asistencia ni acompañamiento de ningún tipo, morían menos de la mitad: 400. Hay que decir que los !Kung tienen tabú del calostro, lo que puede influir en el número de hemorragias postparto (la lactancia del calostro estimula la oxitocina, contrae el útero y ayuda a prevenir los sangrados). No es hasta el año 1900 cuando las matronas suecas y su sistema médico logran superar las estadísticas !Kung y lo hacen con medidas asépticas (la mayoría de las muertes eran por fiebres puerperales, por introducir gérmenes en el cuerpo de la parturienta por falta de higiene o medidas de seguridad), la posibilidad de usar antibióticos y realizar transfusiones, entre otros factores.

Ahora que hay tanto debate sobre el acompañamiento y tanta polémica sobre el cutrísimo “Informe Doulas” elaborado por el Colegio de Enfermería me gustaría reflexionar sobre esto. ¿Qué podemos aprender de la cultura !Kung que sea aplicable a la nuestra? ¿No sería interesante aprovechar lo que esa cultura sabe sobre la fisiología del parto y a la vez aprovecharnos de los avances médicos y tecnológicos del siglo XXI cuando son de verdad necesarios? ¿Necesitamos todas las mujeres ser apoyadas emocionalmente durante el parto? ¿O, como dice Michel Odent, necesitamos silencio, intimidad, seguridad, no sentirnos observadas, ni rodeadas de acompañantes y de cámaras de fotos y tener el apoyo de una matrona tejiendo con discreción en una esquina? ¿Podemos aprender algo del espíritu valiente y estoico de las mujeres !Kung en la época de los métodos para parir, los cursos de todo tipo para enfrentar el dolor o para formarse como doula, la necesidad (quizás, creada por la cultura) de que necesitamos apoyo emocional constante de alguien? ¿No estaremos desviando el tema incidiendo en la importancia del acompañamiento o de quién debe ser el acompañante cuando en realidad es más importante la protección del ambiente del parto y la actitud con la que las propias parturientas afrontamos ese momento? ¿Por qué nuestras propias madres u otras figuras maternales desinteresadas han desaparecido del panorama y se han convertido, en muchos casos, en agentes que infunden estrés en lugar de seguridad y, por tanto, en personas a evitar?

Son temas interesantes. No solamente influyen las condiciones fisiológicas externas en el parto sino la maleta física, emocional, mental, familiar e histórica que arrastra cada mujer en el momento de parir. Esa maleta, o la forma de afrontar la vida, la muerte y el parto, es muy diferente entre una mujer !Kung, una mujer sueca del siglo XIX y una mujer española actual.

Tabúes históricos sobre la lactancia materna

“Muchos aspectos de las características del amamantamiento de primates no humanos como de madres humanas de sociedades preindustriales fueron cuestionados; primero a las madres se les dijo que limitaran la cantidad de tomas diarias, después que eliminaran las tomas nocturnas, después que acortaran la duración de las sesiones de amamantamiento, y después que redujeran el número de meses de lactancia, y finalmente que eliminaran la lactancia en su conjunto”. Parenting for Primates de Harriet J Smith.

Desde que el ser humano inventó la escritura y las sociedades jerarquizadas con Estado multitud de expertos y médicos han escrito libros en los que expresaban sus ideas o creencias sobre cómo debían ser alimentados los bebés y cómo debían amamantar las madres y las nodrizas. En general, las mujeres del pueblo debían de hacer poco caso a estas recomendaciones, principalmente porque no todo el mundo leía libros y tenía más fuerza la tradición y la transmisión del conocimiento por vía oral.

La realidad es que tratando estos temas es fácil caer en la tentación de pensar que si tal personaje decía tal cosa lo más seguro es que todo el mundo le obedeciera ciegamente, como si un alienígena encontrara dentro de miles de años un libro de Estivill y extrapolara que esa era la forma universal de tratar a los niños en nuestra cultura.

Sin embargo, vivimos en una época en la que el poder de los expertos es enorme, y esto es así porque somos adoctrinados desde el nacimiento y nos cuesta pensar por nosotros mismos, discernir lo positivo y lo negativo de cada tesis, argumento o estudio. Esto supone un ejercicio de autoconstrucción que no todo el mundo está dispuesto a hacer, más cuándo llevamos años domesticados para ser reconducidos hacia el “buen camino” por premios y castigos otorgados por una autoridad externa. Estamos acostumbrados a recibir y a acatar órdenes, muchas veces sin sentido y con el único fin de aprender a obedecer ciegamente.  Cuando escribo esto recuerdo cómo el otro día nos dijeron en la guardería que los niños tenían que ir vestidos de “rojo” porque era la época de Navidad, otro día, en Haloween tenían que ir de “negro”. ¿Tiene algún sentido? ¿Son fiestas con algún sentido histórico o popular? No, lo importante es pasar por el aro, el mero hecho de conseguir que los padres y los niños hagan algo en lo que no creen o que simplemente ni les va ni les viene, y es que el rojo de la Navidad lo inventó el Papá Noel de la Coca Cola y el Haloween es una fiesta importada que entró en nuestro país a través del ocio nocturno (bares y discotecas) directamente a los coles y guarderías.

No es raro encontrar a personas que dicen que guían su forma de criar según tal o cual libro, tal o cual pediatra, o tal o cual etiqueta de crianza sin fisuras, críticas, ni dudas. También hay personas que necesitan que haya evidencia científica que otorgue legitimidad a experiencias humanas que desean vivir, como si necesitaran el permiso o el aval de la Ciencia para vivir la vida. Este es el verdadero caldo de cultivo de los fundamentalismos. Aún así, si antes las mujeres tenían una sabiduría popular de la crianza (en ocasiones errada y en otras acertada), hoy en día nos llega un aluvión tremendo de información que tenemos que filtrar, comparar, creer o no creer, desconfiar para poder tomar decisiones LIBRES, adaptadas a las circunstancias personales de cada caso.

Desconozco si esta sobreinformación tiene algo que ver con la aparente sumisión o reticencia a tomar las riendas de nuestra propia vida, escuchando a los expertos o a las personas que pueden tener más experiencia que nosotros (o no), pero es llamativo que no soportemos la idea de que en ciertos temas haya controversia, que se necesite flexibilidad y no exista un mensaje unívoco al que agarrarnos como un clavo ardiendo. ¿Acaso tenemos miedo al caos y al vacío?

El tabú del calostro

Michel Odent tiene una hipótesis interesante al respecto, las culturas aisladas como los huichols, los pigmeos y los maoríes son de las pocas en las que la “relación madre-bebé no es perturbada y el consumo de calostro parece hacerse sin restricciones”, a su vez son culturas que tienen un sentido ecológico muy fuerte. Este obstetra establece un paralelismo entre la relación madre-recién nacido y la relación humana con la Madre-Tierra. Desde luego es un punto de partida interesante y sugerente a tener en cuenta.

Creo que tiene mucho sentido, no porque las sociedades calostrales sean menos violentas o agresivas sino porque “domestican” menos la Naturaleza, a otros animales y al propio ser humano. Podría haber una relación entre una mayor separación madre-cría y una mayor domesticación del propio ser humano. Otro tema sería saber si “asalvajarnos” sería positivo o no, quizás nos haría más libres pero también implicaría una serie de renuncias que en el siglo XXI no estamos dispuestos a aceptar. Y no lo aceptamos a pesar de que nos conducimos al abismo, al suicidio como civilización y a la destrucción de nuestro hábitat. No hay más que ver cómo vivimos rodeados de basura y deshechos que ya no sabemos dónde esconder, un regalo envenenado que les dejamos a las próximas generaciones.

Aún así, podemos observar como los chimpancés toman calostro, viven una infancia enmadrada y también desarrollan algunos comportamientos violentos. Es decir, la toma del calostro no tiene por qué convertir a los seres humanos en más santos ni más amorosos con el resto de la humanidad, en ese aspecto. Son solamente hipótesis o preguntas en el aire.

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En la sociedad Kung las madres amamantan desde el tercer día y tienen tabú del calostro. ¿Por qué habrán desarrollado esa práctica cultural? No lo sabemos. ¿En qué momento de su evolución pasó el ser humano de comportarse como un mamífero más a ser separado de su madre? Además, sabiendo ahora los beneficios que tiene para el bebé y la madre (segrega oxitocina, contrae el útero, facilita la expulsión de la placenta y evita hemorragias), ¿es quizás una forma de selección social de los más fuertes? A pesar de lo que ahora sabemos sobre el tabú calostro, incluso que aumenta las dificultades de la lactancia,  no deja de sorprenderme que, a pesar de todo esto, las mujeres Kung amamantan después durante años, hasta que se vuelven a quedar embarazadas. Resiliencia lactante en estado puro.

En Occidente, el griego Sorano de Éfeso (actual Turquía), decía que una mujer que acababa de parir estaba fatigada y se tenía que recuperar. Según él, la leche materna de los dos primeros días estaba alterada por los sufrimientos del parto y era mala para el recién nacido. Estos consejos aumentaron la mortalidad infantil y materna, ya que el bebé se perdía los anticuerpos del calostro, hacía que la subida de la leche fuera más difícil por falta de estimulación, aumentaba el riesgo de infecciones por ingurgitación en las madres y podía provocar riesgo de hemorragia (la oxitocina de la succión ayuda a contraer el útero y a expulsar la placenta).

El tabú del calostro llegó hasta el siglo XVII a la pediatría inglesa y francesa (supongo que en España fue igual) vía las fuentes antiguas griegas y romanas. En 1699, Ettmuller, un profesor de Leipzig escribía “Práctica de Física”, donde recomendaba amamantar al bebé para darle el calostro dando un giro a las tesis anticalostrales clásicas.

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William Cadogan

Años más tarde, en 1748, William Cadogan publicaba “Ensayo sobre el cuidado y manejo de los niños”, donde atribuía al calostro propiedades purgativas para eliminar el meconio y de prevención de infecciones gastrointestinales al bebé. También “desaconsejaba el uso de nodrizas y la introducción de cualquier otro alimento antes de los 6 meses de edad”. Pero todo no podía ser tan bonito: prohibía las tomas nocturnas, como veremos después. Desconozco si estas nuevas directrices fueron seguidas por las elites vía nodrizas o por las madres del pueblo. ¿O quizás estas últimas nunca habían hecho mucho caso a Sorano y compañía?

Tabú sexual de la lactancia

En África, en las sociedades cazadoras-recolectoras no existe, hay sexo y lactancia durante el mismo periodo, pero sí en las agricultoras (según el libro “Politics of Breastfeeding”). Esto tiene una lógica explicación para las sociedades sedentarias, ya que suelen suplementar más y antes que las cazadoras-recolectoras (además las madres tienen otro metabolismo energético), inhibiendo el poder anticonceptivo de la lactancia, y por eso tienen que ayudarse del tabú sexual para aumentar el intervalo de nacimientos entre hijos. No pueden fiarse de la amenorrea o anovulación típica del amamantamiento porque tienen más riesgo de embarazos cercanos. Puede ser este el motivo de que existan tabús de contaminación de la leche materna por el semen, por ejemplo.

Sin embargo, en Occidente, se dice que el tabú sexual es una explicación a la práctica de la contratación de nodrizas, para seguir manteniendo relaciones sexuales (y teniendo multitud de hijos) con la madre, con lo cual se acortarían los intervalos de nacimientos en detrimento de la salud maternoinfantil. Sería una posible explicación al típico esquema de contradicciones en cadena problema-solución-nuevos problemas-nuevas soluciones.

En la web de la Asociación Sina podemos leer:

“Cuando tú amamantas, tienes un tiempo muy largo de amenorrea y no te quedas embarazada. En las clases altas interesaba para tener vástagos una numerosa prole. Y la manera de que esto sucediera era que las esposas de clase alta no amamantasen. Se daban los niños a las nodrizas.

Esto supuso un gran control de la natalidad en las clases más bajas y las clases altas podían tener 18-20 hijos aunque de ellos murieran 10, pero al menos aseguraban los herederos”.

Galeno

En Occidente este tabú comenzó en el siglo II a través del griego Galeno de Pérgamo (actual Turquía). Dice el pediatra José María Paricio:

“Es Galeno (s. II d.C.) el primero, pero no el último médico conocido, que proscribe las relaciones sexuales durante la lactancia. La idea extendida era que se corrompía la leche, por lo que se recomendaba una abstinencia absoluta durante el tiempo que durase el amamantamiento. Esta creencia se mantenía vigente en el siglo XVII y, falta de pruebas pero sutilmente modificada, alcanza el siglo XX en los prontuarios cristianos de Medicina Pastoral. (…) A lo anterior se añade el que la duración media recomendada recomendada de la lactancia materna en los (…) escritos de Aristóteles, Sorano o Galeno era de un mínimo de 24 meses”. http://pediatrics.aappublications.org/content/65/2/374.abstract

También de Paricio, sobre las clases populares que NO cumplían el tabú sexual de la lactancia:

“Teniendo en cuenta el efecto anticonceptivo de la lactancia, las clases populares tenían una fecundidad limitada por término medio a un nacimiento bianual, lo que ha podido constituir un efectivo control de natalidad entre las masas campesinas de la Europa preindustrial. Por el contrario, la fecundidad no controlada por lactancia entre las clases acomodadas hace que la descendencia pueda suponer de 15 a 20 hijos, pero a expensas de una terrible mortalidad”.

Tabú de la lactancia nocturna

En Maternalias se incluyen las directrices para las nodrizas de Bernardo Gordonio, profesor de la Escuela de Medicina de Montpellier en el siglo XIII, en las que se incluyen los “clásicos” de no amamantar por la noche, ofrecer tomas fijas y limitadas, no ofrecer la lactancia a voluntad o a demanda, no “acostumbrar” al bebé al contacto físico cercano… (Agradezco a Cira Crespo el envío del enlace de esta cita):

“La xiij. condicion que deve aver el ama es que en el comienço dela noche no de la leche al niño salvo dos o tres vezes en el dia : e no mame mucho en una vegada : porque no sea refenchido mucho el su estomago ui sea sangustiado e nauseado ; e no consienta mamar continuada mente porque sera causa de golosidad e dolor delas fazes, e por ende el ama eche dela leche en la boca del niño alas vegadas.”

El pediatra inglés William Cadogan (1748) también prohibía” las tomas nocturnas porque, según él, hacían obesos a los niños (página 20 de su libro Ensayo sobre el cuidado y manejo de los niños”). Decía que, si no se les “molestaba”, los bebés aprendían a dormir toda la noche desde la primera semana, despertándose una o dos veces si estaban mojados para ser cambiados de ropa. Estas papanatadas eran peligrosas para la lactancia por reducir la estimulación, la producción de leche y el periodo de infertilidad asociado a la lactancia exclusiva, por tanto, muy peligrosas para los bebés. 

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Luther Emmett Holt

A finales del siglo XIX llegó otro pediatra, Luther Emmett Holt (1894), con la brillante idea de suprimir las tomas nocturnas a los 5 meses, ya que a esa edad se suponía que no deberían ser amamantados entre las 22h y las 6 de la mañana. ¿Había que mecerlos? “De ningún modo. Es un hábito fácil de adquirir pero difícil de romper, y es inutil y a veces dañino. Lo mismo debe decirse de succionar un pezón de goma o chupete, y todos los otros artilugios para dormir a los niños”.

Truby King

Truby King

Truby King (1913), Director de “Bienestar” Infantil de Nueva Zelanda, también decía que no había que amamantar por la noche. A pesar de ser pro lactancia materna a su torturadora manera, en el campo de la crianza se dedicó a intentar aplicar los cuidados que se daban a las crías animales domesticadas de granja a la crianza de los niños humanos.

En el post “Colonialismo y lactancia” también se puede ver cómo los colonizadores trataron de eliminar las tomas nocturnas en las mujeres del Congo a comienzos del siglo XX: “No amamantes a tu hijo porque llora: él se silenciará a sí mismo… Por la noche no le amamantes ni un poco: el niño mamará por la tarde y mamará otra vez por la mañana. No le des “malafu” (cerveza) o agua de coco: la leche será suficiente. Antes del séptimo mes, las gachas de harina son malas. No le amamantarás para nada (por la noche) si se duerme en (su propia) cama. Si obtienes leche de vaca o cabra, irás a la farmacia, el médico te dará buen consejo, sabrás qué hacer”.

Tabú de la lactancia a voluntad (o mito de los horarios fijos)

William Cadogan termina con el tabú del calostro pero inicia otro nuevo, el de dar solamente 4 tomas en 24 horas (1748), eso sí, sin límite de tiempo. También decía que los horarios tenían que ser fijos todos los días. El libro de William Cadogan se puede encontrar en Google Books y en la página 25 están sus recomendaciones horarias.

Truby King, por supuesto, también aconsejaba a las mujeres que amamantaran cada cuatro horas en su libro de 1913, “Feeding and Care of Baby”. Con estas rutinas tan espaciadas muchas mujeres no eran capaces de establecer bien la lactancia y mantener su producción de leche. Ahora sabemos que todos estos consejos eran nefastos para las lactancias de las mujeres que los seguían. Afortunadamente, de nuevo, muchas mujeres no les harían ni caso.

Andrés López de la Llave

A pesar de lo obsoleto de recomendar horarios fijos de amamantamiento todavía se siguen escuchando afirmaciones sin fundamento ni sentido de boca de especialistas universitarios, como los del psicólogo y sexólogo Andrés López de la Llave en la radio:

“Esta moda que hay ahora de dar de mamar a los niños cuando les da la gana… son unos irresponsables (los padres). No les enseñan reglas. Dentro de 15 años va a haber un montón de niños imposibles de controlarse, imposibles de responsabilizarse”.

Mito de los 10 minutos en cada pecho

No he encontrado ninguna fuente histórica que recomendara esto. Sin embargo, mi propia abuela me dijo que en los años cincuenta en España ese era el consejo a seguir: cada 3 horas, 10 minutos en cada pecho. Resultado: con el primer hijo la lactancia duró 8 meses, las sucesivas cinco siguientes solamente duraron 2 meses.

Actualizo: una chica en facebook ha compartido esto: “Son las “recomendaciones” que le dieron a su madre cuando ella nació hace treinta años”. Estaríamos hablando de 1985:

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“Durante las primeras 12 horas de vida, ayuno absoluto. Después, si tiene hambre, no tiene “flemas” y la madre aún no tiene leche, puede darle alguna cucharadita de suero glucosado. A las 24 horas de vida, póngale al pecho cada 3 horas, 3 a 5 minutos a cada lado. Si no tiene leche o tiene muy poca, puede seguir el siguiente plan de alimentación artificial”. 

Tabú del cariño y la empatía hacia los bebés, que incluyo porque la lactancia materna es más que leche: 

Luther Emmett Holt decía en 1894:

¿Cuál es el llanto de indulgencia o de hábito?
Eso se escucha a mendudo incluso en muy pequeños bebés, que lloran para ser acunados, para ser llevados, a veces para que se les ponga luz en la habitación, para tomar un biberón, o para continuar con cualquier otra mala costumbre que haya adquirido.
¿Cómo podemos estar seguros de que un niño está llorando para ser consentido?
Si para inmediatamente cuando obtiene lo que quiere, y llora cuando se le quita o se le retiene.
¿Qué debería hacerse si un bebé llora por la noche?
 Hay que levantarse y ver que el niño  está cómodo -la ropa está suave bajo el cuerpo, las manos y los pies están calientes, y el pañal no está mojado o sucio. Si todas estas cuestiones se ajustan correctamente y el niño simplemente está llorando para que le cojan, no se debe interferir más con él. Si el llanto nocturno es habitual debe buscarse alguna otra causa.
¿Cómo se debe manejar a un niño que llora por temperamento, hábito o para que le consientan?
Simplemente se le debería “dejar llorar”. Esto a veces requiere una hora, y en casos extremos, dos o tres horas. Una segunda vez es raro que dure más de diez o quince minutos, y una tercera rara vez será necesaria. Tal disciplina no se debería llevar a cabo a menos que uno esté seguro de la causa del llanto habitual”.

En “Feeding and Care of Baby” publicado en 1913, Truby King defendía el “dejar llorar”, a pesar de ser pro lactancia: “Los métodos de Truby King específicamente enfatizaban la regularidad de la alimentación, el sueño y los movimientos intestinales, dentro de un estricto régimen que supuestamente construía el caracter al evitar abrazos y otras atenciones. Los métodos del Dr. King continuaron su popularidad hasta los años 50″.

Tabú del destete temprano

En Atapuerca, los paleontólogos nos dicen que los niños eran amamantados durante 3-4 años. En las primeras sociedades sedentarias con Estado, ganaderas y agricultoras, como Egipto y Mesopotamia, la lactacia duraba unos 3 años. Por un estudio aragonés (el estudio Calina) sabemos que hoy en día aproximadamente el 20% de las madres amamanta de forma exclusiva hasta los seis meses.

“No esperes demasiado para destetar a tu bebé”, publicidad de Nestlé:

Luther Emmett Holt (1894) decía que había que empezar con el destete a los 9-10 meses (lo que sería tardío según las recomendaciones actuales que dicen que hay que empezar con la AC a los 6 meses, aunque a veces los bebés tienen sus propia opinión) sustituyendo tomas de pecho por el biberón.  Según él, el destete total tenía que terminar a los 12 meses.

Truby King (1913), el experto cuadriculado por antonomasia y su mujer, decían que un verdadero “Bebé Truby King” tenía que ser amamantado de forma exclusiva hasta los 9 meses y después ser destetado lentamente con la introducción de la AC. ¿Hasta cuándo amamantar? No lo he encontrado.

José María González Cano

Este tema está de rabiosa actualidad, gracias al libro “Víctimas de la Lactancia Materna. Sin dogmatismos ni trincheras” del Dr. José María González Cano, que aboga por el destete TOTAL o parcial a los 4 meses para que el niño no tenga tanta “fijación por el pezón” (expresión propia de este doctor) y acepte mejor la alimentación complementaria posteriormente. Algo así como aceptar que es mejor no acostumbrarle demasiado a lo bueno y placentero porque, si lo conoce y se acostumbra a ello, después no querrá saber nada de biberones y papillas, cuando supuestamente sí los necesitaría de forma prioritaria. Como tengo pensado escribir un post íntegro sobre su libro, que compré (a pesar del paternalismo de pretender que la Generalidad lo retirara para que la gente no se contaminara con sus contenidos, vía change.org), no me extiendo más. Pienso rebatir cada uno de sus presupuestos ideológicos (un pequeño anticipo freudiano aquí). En este libro hay mucha ideología y poca ciencia, pero tampoco se necesita citar ni a la OMS ni tropecientos artículos para demostrar nada. No somos nosotras las que tenemos que justificarnos por ser mamíferas ni demostrar que nuestros bebés están sanos. La biología humana no tiene por qué buscar excusas ni padrinos científicos, nos avalan millones de años de (pre)Historia.

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Pediatras con complejos

“Y eso sin hablar de los complejos de Edipo severos que están aflorando ante amamantamientos tan prolongados” (Dr. José María González Cano dixit).

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El Complejo de Edipo (supuesto deseo del niño de liarse con la madre y cargarse al padre) es esa gran ¿teoría? ¿hipótesis? que no puede ser demostrada creada por Freud, un hombre que fue amamantado durante dos años por su nodriza, Resi Wittek, tal y como era costumbre en la burguesía vienesa de su época. Freud imaginó el complejo de Edipo en un ambiente machista de clase media/alta en el que la lactancia era asalariada y, sin embargo, olvidó incluir a las amas de cría (mujeres del mundo rural que dejaban a sus propios hijos en el campo para ir a servir a la ciudad) en todo ese culebrón edípico de triángulos pasionales familiares. Pero si el Complejo de Edipo fue pensado (o soñado) en un contexto en el que la madre biológica no amamantaba a su hijo, ni un mes ni veinticuatro, ¿de qué demonios está hablando este pediatra y psicoanalista aficionado? Siguiendo su lógica los niños de esa época y clase social, como el mismo Freud, desarrollarían el complejo de Edipo con sus nodrizas y no con sus madres. ¡Vaya lío!

“Pero Freud tenía una nodriza, y puede no haber experimentado la intimidad temprana que habría alertado a su sistema de percepción que la señora Freud era su madre. La teoría Westermarck ha “superado” a Freud mismo”. Steven Pinker, Cómo trabaja la mente, 1997. http://es.wikipedia.org/wiki/Efecto_Westermarck

Otras fuentes: http://www.indepsi.cl/ferenczi/articulos/slipp.htm#14a

Por otro lado, dice Roger Short en su libro sobre Historia de la sexualidad sobre el incesto:

“La mayoría de los mamíferos dejan el nido paterno y se dispersan antes de llegar a la madurez sexual, de modo que los individuos estrechamente emparentados no tengan posibilidad de encontrarse y aparearse. Pero entre los monos y los seres humanos, los fuertes lazos familiares que persisten a lo largo de la vida han obligado a desarollar mecanismos de conducta que reduzcan el incesto. Parece que compartimos con lotros monos un mecanismo incorporado, basado en el reconocimiento de los miembros familiares, que desalienta el emparejamiento entre padres e hijos y entre hermanos. Jane Goodall dice que nunca ha visto a un chimpancé macho adulto aparearse con su madre. Kelly Stewart ha observado a grupos de gorilas en Ruanda y ha señalado cómo quedan separados artificialmente de otros grupos cuando se tala la selva tropical para hacer campos para la agricultura humana. Si una hembra madura sigue atrapada en el grupo en que ha nacido, en lugar de unirse a otro como es natural, resulta inevitable el apareamiento padre-hija. En estos apareamientos, la primera cría nace más tarde que la media”. (…)

“Un mecanismo incorporado similar también puede impedir el incesto padre-hija, madre-hijo. Por lo general, el abuso sexual implica con mucha mayor frecuencia a un padrastro que a un padre biológico. Cuando implica a un padre biológico, a veces se trata de un hombre de un grupo religioso que cree en una estricta división del trabajo dentro del matrimonio, y que nunca cambió los pañales a su hija o la bañó y que, por tanto, ha evitado el contacto físico estrecho que probablemente constituye la base de la protección contra el incesto.

La historia contiene algunos casos de incesto notables. Sin duda, el papa Alejandro VI, que fue padre de un hijo con su hija natural y lo anunció en una bula papal, había hecho que la criaran nodrizas, probablemente fuera del Vaticano, y tuvo poco o ningún contacto con ella de pequeña. Los faraones egipcios se casaban a veces con sus hermanas, pero probablemente también habían llevado vidas separadas en la casa real, con escaso contacto salvo en ceremonias. El incesto dinástico condujo a algunos parentescos extraños: la reina Hatshepsut de la XVIII dinastía fue a la vez tía, madrastra y suegra del faraón Tutmosis III”.