¿Cuándo saldrá la lactancia del ámbito médico y volverá al de las mujeres que amamantan y a sus bebés?

José María Paricio, pediatra:

“Los médicos somos bastante fagocitadores de todo lo que se nos pone por delante, ¿no? porque cuando vas cogiendo cosas es poder, tu vas cogiendo poder, y entonces de repente cogimos la lactancia, “la lactancia es un tema médico”. Nos hicimos fuertes ahí, y es un tremendo error. Yo pienso, soy médico, soy pediatra y además tengo formación hospitalaria, pero yo pienso que la lactancia es un tema que debería salir un día del ámbito sanitario, por completo.

La lactancia debería volver a la sociedad civil, a las mujeres, a la sociedad de las mujeres y únicamente si hay un problema de tipo médico, un problema en el pecho, el niño que no se nutre bien, pues, vale, lo miramos los médicos. Pero la lactancia en sí no debería ser un tema médico. Hemos contribuido en los últimos cien años, especialmente los sanitarios, a romper la cultura de la lactancia materna con historias que no venían a cuento para nada. Es un poco lamentable, pero, bueno, estamos en la recuperación, ¿no?”.

Estas interesantes y, en mi opinión, acertadísimas declaraciones las dice en esta entrevista, a partir del minuto 4.15:

¿Creéis que la lactancia está saliendo del ámbito médico? Yo a veces pienso que sí, otras veces pienso que, al contrario, cada vez está más en manos de médicos y legisladores, cada vez más regulada por el poder.

La maternidad en la literatura: Cien años de soledad

Ayer falleció Gabriel García Márquez. A pesar de que solamente he leído dos de sus libros (“Cien años de soledad” y “Relato de un náufrago”) su forma de escribir me dejó bastante impactada en su momento. He querido volver a su obra más famosa buscando referencias maternales y, en la búsqueda, me he topado con el análisis de Josefina Ludmer en su libro “Cien años de soledad: una interpretación”:

“Lo esencial es que nunca hay sexo ni amor apasionado con la mujer que es madre de los niños (propios): entre Úrsula y José Arcadio Buendía no hay sexo (amor y sexo) salvo el caso de sus primeras relaciones, cuando aún no habían nacido los hijos; el amor (la pasión sexual) solo existe con mujeres que todavía no son madres o con mujeres que no llegarán a serlo; las uniones, cuando nacen los hijos, se quiebran: Arcadio es fusilado cuando Santa Sofía estaba embarazada; Remedios muere durante el embarazo, Amaranta Úrsula inmediatamente después de su parto. A todo lo largo de Cien años se diferencian netamente las funciones de las mujeres madres y de las mujeres como objetos de deseo.”

¿Qué os parece? ¿Por qué creéis que el mundo maternal de Macondo que recrea el autor está tan marcado por la muerte y la fragmentación de la mujer? libro-cien-años-de-soledad

Experiencias enseñando a usar el w.c. a un niño de 23 meses

Hace dos días que mi hijo cumplió dos años. ¡Dos años! ¿Cómo es posible haber vivido tanto juntos en tan poco tiempo? ¡Y lo que nos queda!

Lo más reseñable de este último mes ha sido que la última semana antes de su cumpleaños casi sin darnos cuenta no hubo ni charquitos ni pantalones mojados ni nada de nada. ¡Días secos por fin! Es verdad que las semanas anteriores a lo mejor teníamos algún escape o dos pero poco a poco se fueron reduciendo. No hemos usado pañales durante el día, solamente calzoncillos. Eso sí, con ropa de cambio preparada si salíamos, pero no ha hecho falta usarla ningún día. Esto sí ha sido un cambio.

Yo no hecho nada especial ni nada diferente al mes anterior, creo que simplemente él ha ido ganando control y es capaz de esperar a que le ponga. Eso sí, poquísimas veces nos lo ha pedido él y las veces que lo ha hecho ha sido para avisarnos de que en ese momento, en unos segundos, iba a hacer pis. Total, que no nos daba tiempo a llegar al w.c. porque de camino se lo hacía encima, pero se nota que cada vez tiene más conciencia. Las cacas, como siempre, las ha hecho en el baño sin problema. El orinal, como desde hace meses, no lo quiere usar, siempre prefiere el reductor.

Este mes casi habíamos hecho el destete nocturno total cuando de repente se puso malito y volví a darle cuando me pedía para que tuviera una buena dosis de defensas y amor para combatir esa otitis. Y, cuando se curó (tomó los primeros antibióticos de su vida…) al poco tiempo pilló otro catarro y otra vez la clásica secuencia de nariz taponada-mocos-no poder respirar… y otra vez a mamar por la noche. Ahora ya está mejor y ha vuelto a dormir algunas noches del tirón en su habitación y otras con un despertar en el que se viene a nuestra cama. A diferencia con otros tiempos le basta con sentir nuestro calorcito para volverse a dormir plácidamente. ¡Y tan contentos los tres!

Por las noches ha habido una gran sorpresa. Durante unos 5 días, coincidiendo con algunos de los “días secos” se despertó por la mañana con el pañal seco. ¡Lo nunca visto! Incluso alguna noche nos pidió agua y aún así se despertó seco. Sin embargo, después, volvió a mojar el pañal de la noche. En la próxima crónica contaré como ha evolucionado el tema.

Los días que se queda en casa de los abuelos le ponen pañal y casi siempre los moja porque han intentado ponerle en el reductor pero con ellos no quiere. No sé muy bien cuál será la razón pero llegará un momento en el que él mismo se lo pedirá.

Por ahora, somos nosotros los que le llevamos guiándonos por un tiempo intuitivo o por sus señales inequívocas y propias de que quiere hacer pis: se pone inquieto o más revoltoso, si está jugando tan tranquilo se pone de pie y se apoya en alguna pared… A veces (muy pocas) le preguntamos si quiere hacer pis, pero cuando realmente estamos seguros sin preguntar le llevamos y de camino le decimos que vamos al reductor o, si estamos en el parque, “a hacer pis donde viven las hormiguitas” (es un árbol que hay detrás de unos setos).

Por la mañana siempre le doy unos libros o no nos entretenemos con unos botes de crema vacíos. También le dejo solo y le digo que me avise cuando haya terminado o quiera bajarse. Todavía es muy pequeño para bajarse él solo así que me pega un grito, si estoy en la otra habitación, y voy. Le limpio el culete en el grifo del bidé o del lavabo, le seco y a jugar. En casa de la abuela cuando está en el reductor siempre jugamos con unas muñecas de plástico que tienen allí, una es de Blancanieves y otra es de Bella. Cuando realmente no tiene ganas también nos lo deja claro y confiamos en él.

¡Ah! Este mes no ha hecho el más mínimo intento, en contraste con el mes anterior, de subirse o bajarse la ropa por propia iniciativa. Y ya me despido. ¡El próximo mes nueva crónica!

Canción de rap: “Muertos al nacer”

Impresionante canción del grupo Kronstadt con un título demoledor: “Muertos al nacer”. Poco a poco las cosas están cambiando gracias a la gente que alza la voz por vivir una vida consciente, que dan la bienvenida a la tecnología y la medicalización cuando sea necesaria, pero que exijen el fin de viejos protocolos sin ninguna base y el respeto a sus decisiones informadas.

Pero somos más que nuestro parto, más que cómo nos criaron o educaron… La vida nos da muchas oportunidades y, finalmente, somos responsables de construir nuestro propio camino, para bien o para mal, responsables de autogestionar nuestra existencia (hasta donde nos dejen…).

Si no pensamos así, creo que existe el riesgo de caer en un destructivo victimismo que puede impedir nuestro crecimiento al buscar siempre culpables en el exterior, en el pasado, en los padres, la sociedad, el sistema… Es más, puede que nazcamos en el parto más ideal y perfecto y sin embargo la forma en la que nos críen, incluso con la mejor de las intenciones, sea terrible. Como todos los problemas humanos, estos temas son profundamente complejos.

Buenas noches y reparadores sueños cerca de alguien amado o en serena soledad…

Experiencias enseñando a usar el orinal a un niño de 22 meses

Durante este mes he vuelto a no usar pañales más que para dormir y en casa de los abuelos (ellos lo prefieren así). De repente, pensé… ¿Qué estamos haciendo? Es totalmente contradictorio seguir usándolos ya que lo que le estoy enseñando es que es lo mismo hacerlo en el w.c. que en el pañal. Así que hablé con Guille y le dije que dejáramos de usarlos de nuevo, que si se mojaba el pantalón y el calzoncillo no pasaba nada y que habíamos vuelto a usar muchos más pañales durante el día por pura pereza nuestra. Con las cacas no ha habido problema porque siempre o lo pide o lo hace después de alguna de las comidas del día. También hablé con Félix y le dije que tenía que avisarnos cuando tuviera ganas de hacer pis, antes de que se mojara el pantalón. Y la verdad es que, aunque sigue sin avisar todas las veces, avisa bastantes más con un “hacer pis, mamá, hacer piiiiiiis” en lugar del clásico “ah, ah, puaj”, jejeje.

Sigue siendo cosa de dos, él a veces me avisa y el resto de las veces tengo que llevarle yo. Si le pregunto el 90% de las veces me dirá que no tiene ganas. Bueno, también contesta “no” al 90% de las preguntas. Es la época del “no”, sus “noes” y mis “noes”, sus “noes” y los “noes” de su padre. Por eso, la única forma, si estamos seguros por sus señales o el tiempo que lleva sin hacer pis, es llevarle y distraerle con algo: un objeto, un libro, un juego… Después lo que no quiere es bajarse…

También es la época del “yo solo”. Quiere ponerse las zapatillas él solo, ponerse los pantalones él solo, aprender a hacerlo todo solo. ¡Me encanta! También me pide ayuda o se enfada por pura frustración si las cosas no le salen como le gustaría. Rabietas. Muchas rabietas… Creo que aprovechar esas ganas de autonomía para que tome consciencia de su cuerpo, sus señales y sus necesidades es muy interesante.

Así que creo que es básico vivir sin pañales, al menos por el día, y si se moja cambiarle y llevarle en el momento corriendo al reductor (ya no quiere orinales) del W.C.. Es la única forma de recordar que siempre hay que hacerlo allí, no solamente algunas veces.

También me ha pasado este mes que me avise justo cuando se está haciendo pis. En otras ocasiones le decimos “cierra la colita hasta el baño” y consigue aguantar hasta llegar. Si tenemos un día “consciente” y yo estoy con ganas hemos llegado a tener días secos, de cero charcos, cero pantalones mojados. Si estoy a otras cosas, volvemos a los clásicos 2-3 “charquitos”. Eso siempre pasa en casa, no sé por qué en la calle avisa más, ¿o será que yo estoy más avispada?

El otro día pasó algo gracioso. Me salió un trabajo para bailar danza oriental en una tetería de mi barrio y se quedaron con mi hijo en casa unos amigos (Tere, Isa y José Luis, ¡gracias por estar ahí!). Bien, pues después de preguntarle un montón de veces si quería hacer pis y Félix contestar siempre que no. ¡Se hizo pis encima de mi amigo! Parece ser que fue un momento bastante cómico… Al volver le dije que si estaba seguro tenía que llevarle él al reductor con gracia o con el juguete que tuviera entre manos y una vez allí seguir hablándole o jugando (lo que estuvieran haciendo) para que se relajara. Muchas veces dice que no tiene ganas y es “sí”.

Ayer, ya con 23 meses y pocos días volvió a practicar lo de bajar y subir el calzoncillo y el pantalón. Claro, para eso el reductor no vale porque está muy alto. Cuando le vi le dije que si quería hacer pis él solo, sin avisarme, tendría que sentarse en el orinal. Estuvo un rato practicando a hacer pis él solo ahí y tirando después el contenido al w.c.. No sé si será algo aislado o seguirá practicando. Yo, desde luego, le animaré a que siga.

Si me comparo con las autoras de los libros que hablan de la HNB mi experiencia no ha tenido nada que ver con la suya. Sus hijos eran autónomos y les avisaban muchísimo antes. Son tantos factores los que influyen que lo mejor es relajarse y disfrutar, tomárselo como un aprendizaje vital y social más. Pero a la vez, aunque suene contradictorio, no relajarse demasiado porque eso también se puede convertir en pereza o no querer afrontar las cosas. ¡Los malabarismos de la vida!

Vivimos con la losa de un pasado y un presente autoritario y los padres que queremos construir relaciones basadas en el respeto con nuestros hijos, muchas veces no nos damos cuenta que eso de “ya aprenderán” o “a su tiempo” también puede convertirse en una forma de no creer en sus capacidades reales y concretas, que son diferentes en cada niño y en cada momento, pero existen, están ahí. Yo bailo y a mi me encanta cuando mis profesoras de danza me retan a realizar un ejercicio con algo de dificultad. ¡Creen en mí y yo me pico! No es una competición contra otra persona sino conmigo misma. Asumir esto también nos hace creer en las capacidades de nosotros mismos como madres y padres, más allá de teorías, técnicas, expertos o personas metomentodo bienintencionadas (o no).

Hablar de forma normal con nuestros peques, saber que son capaces de muchísimo más de lo que pensamos, confiar en ellos, respetar esas ganas de aprender que tienen y enseñarles cosas nuevas no es presionar ni ser un tirano. Es mostrar un camino y ver como poco a poco, quizás lentamente, lo van entendiendo. ¡Somos seres sociales! La crianza no es una ciencia, es un arte, una relación humana más, por eso hay que buscar todo el tiempo puntos de equilibrios y armonías diferentes.  Esto no lo he aprendido en los libros, lo he aprendido en el día a día con mi hijo, que es el que más puede enseñar a una madre primeriza en un mundo con cada vez menos niños y, por tanto, con menos contacto directo con bebés…

¡Hasta el próximo mes!

Lactancia viejuna en Madrid

Cuando buscamos referencias históricas sobre lactancia o la crianza de los niños nos solemos encontrar con que los textos que nos han llegado son casi todos normativos o legales, donde se dice lo que era apropiado y lo que no, cómo se tenían que hacer las cosas e incluso qué castigos les esperaban a los que se saltaban las leyes establecidas por los poderosos o por la divinidad.

Por ejemplo, en el Código de Hammurabi (1800 a.C.), que hoy se puede visitar en el Louvre, se dicen cosas como esta:

“194.- Si uno dio su hijo a una nodriza y el hijo murió porque la nodriza amamantaba otro niño sin consentimiento del padre o de la madre, será llevada a los jueces, condenada y se le cortarán los senos.” ¡Toma ya!

Como ya saben los lectores de este blog, me encanta investigar sobre la historia de las nodrizas, ya que se puede aprender mucho sobre cómo era la lactancia y cómo eran las costumbres de crianza en cada momento histórico. Del libro de Carmen Sarasúa “Criados, nodrizas y amos. El servicio doméstico en la formación del mercado de trabajo madrileño, 1758-1868″ he aprendido unas cuantas cosas que ahora os cuento a continuación:

Sobre conciliaciones imposibles:

- “Las inclusas no sólo son el lugar de trabajo de algunas nodrizas (normalmente, las que no consiguen emplearse con familias), sino el medio que permite a muchas otras emplearse. Los expósitos eran en su mayoría hijos de mujeres muy pobres que sólo abandonándolos pueden emplearse, muchas precisamente como sirvientas.” Pg. 142.

- “La mayoría de las mujeres no encuentran trabajo sino en el servicio doméstico, que les impide mantener a sus hijos consigo.” Pg. 143.

Esto aporta mucho a las incógnitas que tenía cuando escribí mi visita a la Inclusa de Madrid en el “Más allá del parque #2″. Ahora entiendo que la Inclusa, creada y amadrinada por la Junta de Damas (mujeres aristocráticas) era más que una institución de caridad, era totalmente necesaria en la sociedad de la época para que las mujeres pudieran “liberarse” de la maternidad y servir a las clases pudientes. Hay también escritores citados en el libro que afirman directamente que muchas nodrizas se “amancebaban” y después de parir dejaban a sus propios hijos en la iglesia para entrar a trabajar en casas amamantando y cuidando a los hijos de otros.

La crianza del desapego:

- En Francia, único país europeo que contó con un organismo específico para regular la contratación de nodrizas, el Bureau Géneral des Nourrices et Recommandaresses pour la Ville de Paris, fundado en 1769 y suprimido en 1876, sus registros han resultado una fuente muy valiosa para el estudio de la lactancia asalariada. Sussmann calcula que en París, a comienzos del siglo XIX, eran dados anualmente a nodrizas unos 10.000 niños, la mitad de los nacidos cada año en la ciudad, y que el Bureau tramitaba un 50% de estas colocaciones. 

Silvestro Lega (1826-1895). Visitando a la nodriza.

Los tipos de nodrizas:

En el período que estudia el libro hubo variaciones en el número de nodrizas en Madrid que fluctuaban entre las 184 y las 95, según el número de anuncios del Diario de Avisos de esta ciudad. Había tres tipos de nodrizas según la procedencia: cantábricas, las de localidades cercanas a Madrid y las que vivían en la misma ciudad. También había otra clasificación: las nodrizas que trabajaban en casa de los padres, las de la Inclusa (las peor pagadas) y las que se quedaban el niño en su casa. ¿Qué tipo de vinculación tenían esos bebés con sus padres biológicos en este último caso? ¿Cómo serían esas visitas de lo que para el bebé eran extraños? ¿Cómo vivirían la separación definitiva de sus madres de leche y la vuelta a la ciudad? La verdad es que pensarlo estremece…

No es extraño que en base a este tipo de situaciones la filósofa Elisabeth Badinter niegue la existencia del “instinto maternal” universal y biológico. Si existe, ¿cómo podían abandonar a sus bebés con extrañas durante años? A mi me gusta más hablar de ética de los cuidados pero no puedo negar que me cuesta admitir que no existiera un componente hormonal y químico en el vínculo de esas madres con sus hijos. ¿Sería la cultura, el tipo de parto o la separación madre-bebé la que anulaba ese instinto? ¿Nunca existió y lo que sentimos es una creación cultural?

Las nodrizas que criaban en su propia casa pasaron de estar en los pueblos cercanos a Madrid a vivir en los barrios obreros de la ciudad. Esto tuvo dos causas principales: la emigración forzosa y la críticas de los médicos ilustrados hacia la lactancia mercenaria.

- “Por un lado, la crítica médica de las condiciones en las que se crían los niños en casa de las nodrizas lleva a las clases adineradas y, por imitación, a las clases medias, a preferir a la nodriza que cría en casa de los padres. Por otro, el deterioro de las condiciones de los labradores de los pueblos cercanos a Madrid hace que éstos dejen de ver la lactancia de niños de la ciudad como una actividad interesante para su economía. Criar niños de la ciudad había sido una actividad complementaria de las agrícolas o artesanales que realizaba la familia. Las crisis de subsistencia, la inflación y las guerras provocan, sobre todo a partir de la década de los noventa, la pauperización de los pequeños labradores, que dejan sus pueblos para buscar trabajos en Madrid, o entran directamente a formar parte de los mendigos que pululan por la Corte.” Pg. 151.

Las críticas de los médicos de la nobleza contrarios a la lactancia asalariada también dan muchas pistas sobre cómo criaban las gentes del pueblo llano. Por ejemplo, se les criticaba mucho que dormían con los peques en la cama. ¡Cómo han cambiado los tiempos! Ahora son los pediatras más famosos los que promueven el colecho.

“no hay Ama que en su casa no se ponga al niño en la cama, donde respira los hálitos y vapores de dos cuerpos mugrientos dentro de un lecho puerco, y en un quarto sucio, y mal ventilado”. Los acidentes que sufren los niños en este ambiente son múltiples: asfixia por proximidad al humo del hogar, mordeduras de animales que viven mezclados con la familia, especialmente cerdos. (…) Además, “las más de las Amas son gente pobre, y de baxa suerte, cuya miseria las reduce a un alimento escaso, grosero, indigesto, más vegetable que animal, y que solo su vida activa y laboriosa puede soportar y digerir”. Pg. 153, tomado de un libro de J. Bonells, el médico de la casa de Alba.

Choques de costumbres entre clases sociales. Hablan los “expertos”:

Aquí viene algo interesantísimo del libro y es la transición que provoca que la tarea de criar a los bebés aristócratas ya no se dejara en manos de las clases populares, como las nodrizas que a ojos de los médicos:

“criadas con entera libertad entre la plebe, sin instrucción, sin principios morales, sin decoro, sin urbanidad, no conocen más razón que los caprichos de su alvedrío; ni se gobiernan por otras reglas, que sus preocupaciones y apetitos; por lo cual no poniendo freno a sus pasiones, tan presto las arrebata la ira como las acoquina un terror pánico (…) la moderación obra rara vez en ellas; todo son violentos extremos, y su último cuidado es el daño que pueden causar a los niños que tienen en sus pechos.”

Aunque el texto está cargado de prejuicios contra el pueblo, no deja de ser significativo que se presente a las mujeres de las clases populares como “criadas con entera libertad” que no parecen oprimidas por nadie, ni por sus padres, ni por sus maridos. Eso sí, la contrapartida es presentarlas como animales salvajes sin raciocinio ni capacidad reflexiva. La realidad es que los médicos de las clases altas no podían soportar que los bebés que heredarían el poder estuvieran en contacto con la cultura campesina, sus cuentos y canciones. ¡Qué extraño encuentro de clases, tan difícil de imaginar con nuestros ojos urbanos del siglo XXI!

Sin embargo, a pesar del escándalo de los médicos, los padres y madres ricos pasaban bastante del tema, mandaban a sus hijos lejos y les visitaban poquísimo, a veces solamente iban para pagar a la nodriza el sueldo.

El libro de Carmen Sarasúa presenta datos importantes, como que los niños volvían a sus familias biológicas después de dos o tres años. Los médicos también criticaban que cómo tenían tanto trabajo, las mujeres del campo no podían dedicarse demasiado al bebé y que muchas veces el niño salía lesionado por intentar hacer las tareas con un brazo libre y con el otro sujetar al crío. ¿Y cómo es que no usaban portabebés? No lo sabemos… Lo que sí sale a relucir es que la mujer del pueblo no estaba centrada en los bebés y nada más sino que hacía sus tareas mientras les cuidaba. Los niños, tanto los aristócratas que llegaban como los biológicos, no eran el centro de la vida, estaban en la vida misma, lo que para los médicos ilustrados era algo digno de crítica.

En el texto de esta historiadora también se explica cómo las nodrizas que venían a casa de los padres provenían sobre todo de las regiones cantábricas. Todo empezó como una moda de las elites y la monarquía que después era seguida por las clases medias. En concreto, las más buscadas eran las pasiegas. Sus historias de llegada a Madrid no dejan de ser curiosas:

- “Emprenden con varonil resolución el camino de la Corte, bien solas y en clase de agregadas a la embajada de una galera o un carromato, o bien reunidas varias de ellas y en caravana. Lo primero que procuran es proveerse de un perrillo recién nacido, que durante la expedición y hasta hallar, como ellas dicen, “acomodo”, haga las veces de párvulo, y aplicándole al pecho le conserve y mantenga el jugo nutricio, objeto de especulación”, Teatro social del siglo XIX, tomo II, Madrid, 1846.

¡Amamantaban a un perrito! Parece increible, ¿verdad? También sorprende de nuevo la libertad con la que se movían las nodrizas, iban y venían, viajaban sin hombres…

Si nos sorprende la poca vinculación de las mujeres de clase alta con sus pequeños, el desapego de las nodrizas del pueblo tampoco era menor, ya que también dejaban a sus hijos a los pocos meses de nacidos para amamantar a otros niños en la ciudad. Se trataba de una emigración temporal para volver con ahorros al pueblo. Mientras, el propio hijo era amamantado por “una vecina por una miserable cantidad”. También se empleaban como nodrizas mujeres que habían perdido a su bebé.

Las amas de cría no solamente amamantaban, también limpiaban a los bebés, les dormían, les entretenían durante los dos o tres primeros años de vida:

- “Las nodrizas hacen su trabajo según un conocimiento tradicional que los médicos e higienistas critican duramente, considerándolo responsable de muertes, enfermedades y malformaciones (…). Pg. 165.

Una de las prácticas tradicionales, según la autora, era el “modo de embolver y faxar los niños todavía muy pequeños”:

- “la opresión violenta de las embolturas es la causa más común de algunas fealdades como las corcobas, piernas torcidas y otros defectos que adquieren los niños. Para convencerles de esta verdad, no es menester poner los ojos sino en los hijos de los pobres, y particularmente de los Aldeanos, los que dexan libres a sus hijos en sus cunas, o gergoncitos, y crecen prodigiosamente robustos (…). La reforma que se pretende introducir en el modo de embolver a los niños se reduce no más a que se aprieten menos de lo que se acostumbra los pañales en que se les embuelve; a mudar, o variar la forma y el modo de asir la gorra; a sostituir cintas en vez de alfileres; y a desterrar absolutamente el uso de la faxa, tan incomoda para la Ama, como perjudicial y peligrosa para las pobres criaturas (…). No embolviendo a la criatura en tantos pañales, ni con tantas ligaduras, le será más fácil a la Ama removerla y mudarle ropa quando se haya soltado el vientre (puesto que) el embarazo y engorro que hallan las Amas en hacer y deshacer las faxas y embolturas es la causa motriz de su negligencia.” Diario de Avisos. 1759.

Después de leer esto, no se entiende muy bien lo que explica la historiadora, ya que no concuerda mucho con lo que dice el artículo que cita. Las nodrizas eran aldeanas y si los hijos de los pobres se criaban bien sin ser fajados de forma tan apretada, ¿por qué a los hijos de los ricos que criaban sí les fajaban? Si alguien lo entiende, que me lo explique…

Es muy curioso ver en este choque de costumbres que a los médicos criticones tampoco les gustaba que los niños pasaran demasiado tiempo en la cuna:

- “No podemos negar que la invención de la cuna, si se hace buen uso de ella, es útil (…)¿Pero qué uso hacen las nutrices de esta útil invención? (…) muchas de las veces que el niño llora, sin pararse, como hemos dicho, en examinar la causa de su llanto, echan luego mano a la cuna y empiezan a mecerle con la mayor violencia (…). Quando a fuerza de mecer no pueden las Amas acallar a los niños suelen valerse de otro medio muy propio de su grosería, y es asustarlos con amagos del coco, del duende y otras sandeces de esta calaña”.

También se criticaba que se les dejara al cuidado de otros niños, que no se satisfacieran sus necesidades de comida o limpieza,  o las formas en las que se les enseñaba a andar (con andadores y polleras). Esto me recuerda algo que vi en Senegal y es al parecer algo muy habitual en las zonas no industrializadas: las niñas criaban a los bebés o peques. Ni guarderías ni madres en casa hasta que el niño cumpla tres años, la crianza después de los primeros meses la llevan a cabo las niñas.

La duración de la lactancia:

Sobre la duración de la lactancia en los siglos XVIII y XIX en Madrid el conocimiento del mundillo de las nodrizas tienen mucho que aportar: Las familias con dinero mantenían a la nodriza cerca de dos años, “lo que coincidía con el período en que ésta podía amamantar”. Las familias menos pudientes o que querían destetar antes, mantenían a la nodriza durante 8 o 12 meses. 

La lactancia mercenaria tenía un componente especulativo. Por ejemplo, la nodriza de Isabel II, Francisca Ramón (21 años) dejó a su hija al cuidado de su vecina Josefa Rueda, que cobraba 180 reales mensuales. Su beneficio era la diferencia entre este sueldo y el que cobraban las nodrizas reales, unos 900 reales al mes cuando comenzaban a lactar y 450 reales al mes cuando estaban de respuesto.

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Madre pasiega con su bebé en el cuevanu (cuévana) a modo de cuna portátil.

La moda de presumir de ama de cría:

Las nodrizas que vivían en la casa del niño tenían una función también de ostentación. Por ejemplo, en este texto hay referencias incluso al porteo en pleno Madrid, seguramente de nodrizas pasiegas:

“Son las seis. Encaminémonos hacia la Puerta del Sol, pero no sin antes detenernos en los jardines que hay en la entrada de la calle de Alcalá. Están repletos de niños que se divierten, de criadas, nodrizas con vestidos de franjas azules y rojas, que llevan a la espalda, en una canasta de mimbre, recubierta con un vistoso pañuelo, a un pequeñín acostado entre sus pañales”. Artículo: “Paseo por Madrid”, del libro “Viaje por España” de Luis Teste (1872).

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“La infanta María de las Mercedes en brazos de su nodriza” (1881). El traje tenía una falda de paño con peto que se bajaba para amamantar. ¡Ropa de lactancia de la época!

De nuevo la conciliación y la lactancia:

Cuando no era posible la lactancia humana se recurría a la leche de cabra, burra o vaca, pero las condiciones higiénicas de su venta en las ciudades hacía que más que ayudar aumentaran la mortalidad.

Las madres trabajadoras eran las que más recurrían a ellas y es que el trabajo siempre ha sido causa fundamental de destete en las mujeres que no podían conciliar lactancia con vida asalariada:

“La hija del proletariado, desarrollada en un miserable ambiente, llega a ser madre y siempre ha de criar a sus hijos y transcurridos los cuatro o cinco meses en que necesariamente ha de declinar su poder lactativo, comienza a ayudarse con leche que adquiere en los puestos de la calle o en las lecherías”.  (1903. El Progreso Agrícola y Pecuario).

Lactancia y poder estatal

J. Bonnells acusa a las madres que no amamantan de aumentar las calamidades del Género Humano y, atención, de dar al Estado solo “vasallos inútiles”. Aquí está la razón última por la que amamantar, no era considerado un bien en sí por estos médicos ilustrados, sino que medio para lograr que el poder obtuviera vasallos con buena salud (para exprimirlos bien, supongo), lo que no era posible en igual grado si eran amamantados por amas de cría mercenarias.

Ojo a esta cita del ilustrado Bonnells. Este médico llegó al extremo de pedir castigos a las mujeres que no probaran un motivo aprobado por un médico, un juez y el marido para no amamantar. ¡Eso sí que es ser un talibán de la teta! A la autoridad siempre se le ha dado bien infantilizar a las mujeres, por otra parte…

“Esta es la edad en la que más que nunca necesitan los niños de toda la vigilancia, de toda la paciencia, y de toda la ternura de una madre. Y esta es cabalmente la edad en que la barbarie de las madres confía su crianza a una muger mercenaria sin reparar que mal desempeñará por un vil estipendio las obligaciones de las quales ellas mismas huyen por pesadas (…). Entregadas directamente muchas mugeres a los deleites y pasatiempos, miran toda sujeción y cuidado como una carga insoportable, y poniendo toda su felicidad en el contentamiento de sus gustos, paréceles tanto más pesado el yugo de la crianza de los hijos quanto menos llevadero le hace su desarreglada vida (…). La incomodidad que muchas temen más, y alegan menos, es la privación de sus divertimentos.”

La realidad es que la mortalidad infantil era mucho más alta entre los niños criados por nodriza en los arrabales y los amamantados por su propia madre, al menos basándonos en un estudio francés de 1868. Pero Bonnells olvida que la principal causa por la que las madres de las clases altas y medias abandonaban a sus hijos con nodrizas lejanas no eran los “pasatiempos” sino sus maridos, convencidos de que no se podían mantener relaciones sexuales durante la lactancia porque se estropeaba la leche. Y Elisabeth Badinter, ¿qué opina de todo esto?

El desapego de las nodrizas con sus propios hijos también es cuestionado por otros estudios, como este interesantísimo de la matrona Tamara Gómez Pérez sobre las madres y nodrizas pasiegas. Aquí podemos leer cosas como: “Muchas abuelas también fueron nodrizas y sabían lo que sus propias hijas añoraban y sufrían por el abandono temporal de sus hijos ante la falta de dinero e ingresos”. ¿Qué sabemos nosotros, desde nuestro mundo urbano del silgo XXI sobre los sentimientos de las mujeres, tanto ricas como pobres, respecto a estos temas? Hacen falta más investigaciones que recopilen sus voces en primera persona, no lo que opinaban otros sobre sus decisiones.

El uso de nodrizas en Europa desapareció tras la Primera Guerra Mundial. Mientras esta práctica caía en desuso, crecía el empleo de niñas-niñeras (7-15 años) para hacer todo lo que no fuera amamantar.

Si podéis no dudéis en echar un vistazo al libro de Carmen Sarasúa. Es un apasionante viaje al pasado que me ha hecho replantearme muchas cosas que hoy damos por supuestas en la crianza de los niños.

Bibliografía para profundizar o cotillear:

“Tres discursos para probar que están obligadas a criar sus hijos a sus pechos todas las madres, quando tienen buena salud” del médico Juan Gutiérrez De Godoy (1579-1656).

“Perjuicios que acarrean al genero humano y al Estado las madres, que rehusan criar a sus hijos, y medios para contener el abuso de ponerlos en Ama”:

 

Experiencias enseñando a usar el orinal a un niño de 21 meses.

¡Nos vamos acercando a los dos años!

¿Cuándo llegarán los días secos? No tengo la menor idea. Lo cierto es que si le pregunto si quiere hacer pis siempre dice que no, aunque no sea verdad. Pero, claro, esto mismo lo dice con todas las preguntas que le hago. Por eso, si sé que tiene ganas, no pregunto, le llevo o le distraigo con algo y, efectivamente, compruebo que sí tenía ganas. Todos los días solemos mojar 2 pañales de tela pero hay que tener en cuenta que tres días a la semana se queda en casa de mis suegros y esos días utiliza más.

Alguna vez se pone a hacer caca y me llama preocupado y agobiado. Le digo que no pasa nada y le llevo corriendo al reductor en el w.c. donde termina.

Este mes voy a ser muy esquemática para no repetirme demasiado:

Por las noches: pañal de usar y tirar.
Por el día en casa: pañales de tela, calzoncillos o directamente nada debajo de los pantalones.
Cuando se queda con mis suegros: sus propios pañales de usar y tirar.
En la calle: pañales de tela.

¿Señala o hay que ponerle? A veces lo pide pero la mayor parte de las veces hay que ponerle sin que lo pida y, además, entretenerle con algo para que juegue con las manos o lea.

¿Cada cuanto tiempo? Hora y media aproximadamente, como siempre más a menudo durante las primeras horas después de levantarse.

Como novedad de los últimos meses, hace tiempo que ya no quiere usar el orinal y siempre prefiere el reductor en el w.c.

Este mes tengo la sensación de que el que sigamos utilizando pañales por “seguridad” hace que tanto él como yo nos confiemos en que no pasa nada si se mojan y sigamos prácticamente igual desde los últimos meses.

Lactancia artificial para las mujeres trabajadoras.

En la Calle San Bernardo, 89, estuvo el consultorio de "La Gota de Leche".

En la Calle San Bernardo, 89, estuvo el consultorio de “La Gota de Leche” de Madrid.

En el “Más allá del parque #1″ visité la casa del barrio de Malasaña que albergó la Gota de Leche, uno de los primeros lugares en Madrid en los que se comenzaron a distribuir biberones de leche de vaca “adaptada”. En todos los artículos que he leído al respecto dicen que los biberones eran para los niños pobres que no podían tener nodriza, cuyas madres no podían amamantar. Pero, ¿por qué no podían amamantar?

Siempre pensé que cuando se afirmaba esto en referencia a esta institución se referían a los mismos problemas físicos en el establecimiento de la lactancia que encontramos hoy en día: malos agarres, frenillos en los bebés, hipotiroidismos no tratados u otras enfermedades de la madre, poca producción por poca estimulación durante los primeros días, separaciones tempranas madre-bebé…

La Gota de Leche de Madrid en 1904.

Sin embargo, cuando me he ido a las fuentes originales, por ejemplo, textos del propio León Dufour, creador de las Gotas de Leche, me he encontrado otra cosa (pg 222):

“Aún así, si la lactancia materna es el mejor remedio para todos los médicos, algunos, como Dufour o Variot, se diferencian de sus hermanos, están convencidos de que la lactancia artificial es inevitable, dada la miseria obrera y el trabajo de las mujeres:

“En Fécamp, ciudad donde la industria pesquera ocupa el primer lugar y es ocupada en su mayoría por mujeres… las madres que amamantan a sus hijos… son siempre pocas … y eso es comprensible, la madre a veces trabaja desde las 5 am hasta medianoche, si no más en algunas estaciones…

También es una industria que parece tener… un efecto desastroso sobre la lactancia, es el secado de bacalao… Algunas mujeres dicen que es la sal lo que les corta la leche. Otros dicen que el niño huye del pecho debido al fuerte peculiar olor que exhala toda su persona…”

La alimentación artificial “es un mal que con el que hay que contar… y debemos tratar de mitigar sus daños”. Es por tanto por “defecto” que hay que organizar la lactancia artificial, para que sea menos letal, “a falta de algo mejor”, como dice el eslogan de la Gota de Leche .”

 León Dufour no estaba vendido a la industria de la leche artificial (¡no existía todavía!) y vivió una vida de austeridad y modestia, según sus biógrafos. Sin embargo, su trabajo está cargado de ideología, ya que considera la explotación obrera y la consiguiente separación temprana madre-bebé como algo inevitable. Por tanto, se conformaba con realismo con que los derechos del empresario estuvieran por encima de los de las madres y los bebés de la clase obrera.

Su trabajo es ambivalente, ya que es cierto que al aceptar el statu quo laboral buscó la única solución dentro de “lo posible” para que dejaran de morir tantos niños por no ser amamantados. Estos bebés estaban siendo alimentados con biberones que acumulaban bacterias, llenos de leche de vaca sin adaptar, demasiado fuerte e indigesta para el estómago de los pequeños bebés y sin esterilizar. Es decir, ante una situación dramática, en lugar de luchar por solucionar las causas del problema de las muertes infantiles, decidió conformarse con la solución posible dentro del sistema: hacer más digerible y segura la leche de vaca.

Lo cierto es que los niños murieron muchísimo menos en las ciudades después de la creación de las diferentes “Gotas de Leche”, pero también se escogió el camino que hizo que se perdiera la cultura del amamantamiento, los trucos y sabidurías femeninos para amamantar que ahora volvemos a intentar recuperar.

Según este otro texto, podemos leer que:
“El origen de la creación de “El trabajo de la Goutte de Lait” es en 1894. El primer objetivo es “luchar contra la mortalidad infantil.” Dr. Dufour aboga por la importancia y la calidad de la lactancia materna, pero es consciente de la dificultad, si no imposibilidad que enfrentan las madres jóvenes que trabajan en el taller. Por lo tanto, es “a falta de algo mejor” – este es el lema de la nueva obra – que se propone garantizar una dieta equilibrada lo más parecida posible a la lactancia materna: todos los días, en las instalaciones de la “Gota de Leche”, Calle de la Preciosa Sangre, se asegura la preparación de pequeñas cestas con de 8 a 10 biberones, la ración diaria para un recién nacido. No sólo la leche es cuidadosamente seleccionada, sino que es “humanizada” para hacerla más digerible y más pasteurizada. Las familias que lo necesiten pueden retirar gratuitamente estos biberones.”
De aquí se desprende algo impresionante: la lactancia materna es lo mejor pero las mujeres asalariadas no pueden amamantar. ¡Y no por un mal agarre o poca producción, sino porque no se puede parar de trabajar para amamantar! Las mujeres deben por tanto entregar su cuerpo a la empresa, cuidar y mimar a la empresa por encima de sus bebés. ¿Nos suena de algo?
 En este otro artículo leemos que:
“Cuando el doctor Léon Dufour llega a Fécamp, en 1881, un niño de cada cuatro moría antes de un año, esencialmente en los ambientes pobres de esta ciudad de cerca de 14.000 habitantes. La causa principal de una mortalidad superior a la media francesa: la gastrointeritis. La lactancia artificial se desarrolló fuertemente con la industrialización (industria del pescado en Fécamp), lo que obligó a las mujeres a dejar a sus niños en cuidado (de otras personas) para ir trabajar”.

Pero, ¿se ayudaba a las mujeres a amamantar, si ese era su deseo?

“Leon Dufour, a su vez, en una cruzada en contra “la mortalidad infantil” fundó en 1894 el trabajo de la Gota de Leche de Fécamp. Se abrieron consultas abiertas para bebés, con pesaje semanal y visitas médicas, y, si bien la lactancia materna es alentada entre las mujeres de la clase obrera por bonificaciones, se prepara y distribuye leche a las madres que no pueden amamantar. Las tarifas son proporcionales a los ingresos.”

¿Qué es eso de “bonificaciones”? ¿He leído bien? ¿El Estado daba premios o ayudas económicas a las mujeres que amamantaban?  En el texto “Higiene social de la infancia” se afirma que a finales del siglo XIX en Francia las cosas tampoco eran tan “blancas o negras”:

“Solamente en 1890 en Nancy, Hergott abre, al lado de su servicio de partos, consultas semanales. Su objetivo era apoyar la lactancia materna. Los niños eran examinados y pesados. Había primas atribuidas a las madres con mayores méritos. (…)

Por último, algunos empresarios distribuyen bonificaciones de apoyo a las madres lactantes, en forma de ayudas en especie (ropa, canastillas, buena carne, leche, etc.) o  asistencia en efectivo (pago o libreta de caja de ahorros de 100 francos después de un año de lactancia). (…)

(Las ayudas) En París, se les concede por el departamento de los niños necesitados, en
la Administración Central de la Asistencia Pública, y con frecuencia pagados por las oficinas de beneficencia para facilitar su distribución. Estas ayudas pueden ser de muchos tipos: Ayuda con dinero, primas de lactancia, primas de asistencia a los controles del niño, ayuda en especie, transporte gratuito en ferrocarril.

Como vemos, era una época de grandes contradicciones en cuanto a la lactancia de las mujeres trabajadoras: se hacía imposible o muy complicada, por un lado, y se bonificaba, por el otro. En cualquiera de los casos, la mortalidad infantil era un problema muy grande para el estado y el capitalismo industrial, se morían sus futuros trabajadores y soldados. ¡Entramos de lleno en el campo de la biopolítica! Leemos en un artículo del periódico Liberation:

“Además, desde 1865, el biberón de tubo largo que el niño puede aspirar constantemente experimentó una gran popularidad. Pronto se le denominó “el infanticidio”, pero la ley que prohibía su venta no se promulgó hasta 1910. Desde la medicina, el tema se convirtió en político. En el contexto vengativo de la posguerra, se plantea el espectro de una despoblación francesa frente al dinamismo demográfico de los alemanes y comenzó a ser preocupante la masacre de bebés que ocurría en Francia.”

¿Cuándo los seres humanos seremos sujetos de nuestra propia historia y no la elegida y marcada por otros? Con esta reflexión me despido hasta otro día. ¡Un abrazo!

Red de apoyo mutuo entre madres y padres

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Tomada de http://www.vallecastodocultura.org/cabecera/HISTORIA/Marina%20Garcia%20Cardiel/Barrio%20familia/Barrio.htm

¿Hay por ahí mamás y papás de la zona de Tetuán o cercanías que tengan niños pequeños y no les estén llevando a guarderías? ¿Gente interesada en criar en la vida diaria, quedar o crear una red de apoyo mutuo convivencial, horizontal, desenfadada y gratuita? Estoy conspirando para romper el binomio “o guardería o soledad”, si os interesa que conspiremos en compañía escribidme a info@lacasitadealgodonales.com

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http://www.secretosdemadrid.es/fotos-antiguas-juegos-de-ninos/

¿Y por qué pongo fotos de antaño? Porque ya no hay niños jugando por las calles, porque estamos todos aislados en nuestras casas o en el trabajo y solamente nos han dejado los parques cerrados para relacionarnos.

Me gustaría contactar con mamás y papás de esta zona para recuperar la vida vecinal que tanto ayudaba a la crianza. Podemos quedar cada día en una casa o buscar un lugar para conocernos y relacionarnos en otros espacios. Ojalá podamos construir una red en la que, más allá de un grupo de crianza en el que compartir nuestras dudas o problemas, podamos tejer esas relaciones de apoyo mutuo REAL, es decir, de ayudarnos en la vida cotidiana pero también convivir, jugar, charlar… No hace falta que lleguemos a ser mejores amigos (si ocurre, genial), simplemente personas, vecinos que se respetan y se echan una mano desde el afecto. ¡Es muy revolucionario y tan viejo a la vez! Pero no podemos volver al pasado, hay que crear algo nuevo.

Siempre que mi suegra me habla de cómo se ayudaban entre las vecinas del barrio con sus hijos me muero de la envidia. A veces los niños estaban en casa de una vecina, otros en otra, jugaban juntos en el patio, los adultos podían hacer sus cosas con los niños al lado, era raro ver a un niño solo… ¿Dónde quedó todo eso? Ahora todo el mundo está aislado. ¿Y qué ocurre con las personas que no llevamos a los peques a la guardería? ¿Tenemos que estar solamente en casa o en el parque? ¿No hay forma de relacionarnos fuera de lo institucional o monetarizado?

Por otro lado, he puesto arriba que me gustaría crear junto a otros “conspiradores” una red desenfadada. ¿Por qué? Porque creo que el mundillo de la crianza, al menos en internet, está plagado de teorías, expertos, estudios científicos, educaciones del tipo patatín y patatán y creo que hace falta aire fresco. ¡Que corra el aire que me ahogo! ¡Tanta pedagogía teórica, tanta psicología y tanta etiqueta me reprime y agobia! ¿Dónde quedó la espontaneidad y el dejarse llevar por la simple ética y la empatía?

A pesar de que lo estoy difundiendo de el blog de la tienda online La Casita de Algodonales para dar esta idea a conocer, este es un proyecto autónomo y que por su propia naturaleza debería ser ajeno a lo comercial, así que toma un rumbo propio y horizontal (yo participo como una madre más). Si sabes de alguien (aunque no sea del barrio de Tetuán o lleve a la guarde o cole a sus peques) interesado en formar parte de esta red, difúndelo. Un abrazo.

Experiencias enseñando a usar el orinal a un niño de 20 meses.

La crónica de este mes va a ser muy breve ya que ha habido pocos cambios. Los más fundamentales han sido que aguanta más entre pises, ha empezado a ensayar a sentarse solo en el orinal y hemos pasado de utilizar 3-4 pañales en algunos días a que muchos otros el mismo pañal de tela permanezca seco desde por la mañana hasta por la tarde-noche o tengamos que hacer un solo cambio en todo el día.

El 15 de diciembre (¡me quedé con la fecha y todo!) de repente en lugar de ponerle yo en el orinal le dije que probara a bajarse los pantalones y a sentarse “él solito”. ¡Le encantó! Se tiró todo la tarde ensayando y haciendo pis el sólo. Algunas veces hacía pis y otras veces solamente se sentaba, estaba un ratito y se volvía a levantar para jugar.  Al día siguiente sin embargo no volvió a hacerlo por sí mismo y solamente lo ha vuelto a hacer un par de veces más durante el mes.

Durante este mes he comprobado que sigue sin avisar demasiado, aunque suele decírnoslo mucho más si estamos fuera de casa o en el coche que si está en el salón jugando. Es curioso porque aunque habla mucho sigue comunicándose con el ya clásico “puaj, puaj” en lugar de decir “pis” o “caca”.

Como no avisa siempre hay que estar pendiente del tiempo o de sus señales. Una señal clara es cuando se empieza a poner nervioso e inquieto al jugar, y empieza a “liarla parda” con cosas de la casa peligrosas para él y con las que no queremos que juegue. En esos momentos en los que digo “¡qué trasto!” a veces me doy cuenta de que está a punto de hacer pis y le llevo el orinal al lugar donde esté jugando. Si está muy nervioso no se sentará pero con un poco de distracción (un juguete o su libro preferido) sí se sienta y lo hace.  Si no quiere, como siempre, se levanta y se va.

Lo que sí que hace a veces es avisar a posteriori cuando se siente mojado, o dice “puaj, puaj” justo cuando se lo está haciendo o con poquísima antelación. Yo le sigo diciendo de vez en cuando, sobre todo si le pregunto y me dice que no tiene ganas, que avise a mamá, que avise a papá o a la abuela cuando lo necesite. Sé que en algún momento lo entenderá y será capaz. Y él también lo sabe.

Hubo unos días de virus con diarrea y catarro en los que se hizo la caca en el pañal en lugar de avisar o esperar a que le pusiéramos en el w.c. con el reductor o en el orinal.

Por las noches le ponemos un pañal y a dormir todos. Poco a poco por fin hay más noches sin despertares. ¡No me lo puedo creer ni yo con lo mal que lo he pasado con ese tema!

Fuera de casa durante este mes hemos utilizado pañales porque ha hecho muchísimo frío y no queríamos arriesgarnos a que se acatarrara si había un escape. Al final de mes, sin embargo, hemos vuelto a los calzoncillos confiados en que nos avisará o sabremos detectarlo a tiempo.

Todavía estamos lejos de que él avise el 100% de las veces, pero más o menos nos apañamos. Si la persona que le cuida está distraida y no le pone, él se lo hace encima como cualquier otro niño, pero estoy animada porque creo que vamos por un camino lento pero seguro, y sobre todo coherente. ¡Es un aprendizaje mutuo!

¡Hasta el próximo mes!