Entrevista a la antropóloga Sarah Blaffer Hrdy, por Eric Michael Johnson

¡Soy feliz! Eric Michael Johnson, el autor del blog “The Primate Diaries” me ha dado autorización para traducir su maravillosa entrevista a la primatóloga Sarah Blaffer Hrdy que os reproduzco a continuación. Quiero agradecer a mi amigo Peter López su ayuda para resolver dudas con algunas expresiones en inglés:

“Sarah Blaffer Hrdy” por Nathaniel Gold

En mi artículo de portada de esta semana en Times Higher Education presenté la vida y obra de la famosa primatóloga y teórica evolutiva Sarah Blaffer Hrdy. Aunque ella nunca tuvo la intención de ser una radical, ha tenido sin embargo una influencia radical en la forma en la que la primatología y la biología evolutiva abordan las estrategias femeninas así como en las influencias evolutivas de los niños.

Hrdy se graduó summa cum laude en el Radcliffe College de Cambridge, Massachussetts y recibió su doctorado en antropología en Harvard. Es una ex becaria Guggenheim y es miembro de la Academia Nacional de Ciencias, la Academia Americana de Artes y Ciencias, y la Academia de California de Ciencias. Actualmente es profesora emérita de la Universidad de California, Davis.

En nuestra discusión, Hrdy explora su propia vida así como sus experiencias personales  la inspiraron a plantearse preguntas diferentes a las de muchos de sus colegas científicos. A pesar de que no parece una idea particularmente dramática la de enfantizar las presiones de la selección evolutiva en las madres y sus crías, se trata de una visión reveladora del sexismo inconsciente (y a veces totalmente consciente) que está en una parte del proceso científico. A través de su trabajo, en libros como el de “La Mujer que Nunca Evolucionó”, seleccionado por el New York Times como uno de los Libros Notables de 1981, “La Madre Naturaleza: Una Historia de Madres, Niños y Selección Natural”, elegido por Publisher’s Weekly y Library Journal como uno de los “Mejores Libros de 1999″ y, el último, “Las Madres y Otros: Los Orígenes Evolutivos del Entendimiento Mutuo”, Hrdy ha desafiado, y trascendido, muchas de las suposiciones incorrectas que los biólogos han mantenido desde la era Victoriana. Es un cuerpo de trabajo que sigue provocando e inspirando a una nueva generación de científicos y que fue de gran influencia en mi propio trabajo científico.

La científica como alomadre. Hrdy con Shanika, la hija de su colega el Dr. Anula Jayasuriya. Imagen cortesía de Sarah Hrdy.

Eric Michael Johnson: ¿Por qué crees que es importante mirar a las madres y a los niños desde una perspectiva evolutiva?

Sarah Blaffer Hrdy: Si realmente queremos aumentar la conciencia darwinista necesitamos expandir las perspectivas evolutivas para incluir las presiones de selección darwinistas en madres y en niños. Mucha de nuestra narrativa humana es sobre las presiones de selección pero, cuando te paras a pensar y a analizar las hipótesis, son realmente sobre las presiones de la selección en los hombres: hipótesis de caza o hipótesis de conflictos letales intergrupales para explicar los cerebros humanos. Bien, ¿quiere decir eso que las mujeres no tienen cerebro?

Johnson: En un sketch autobiográfico publicado en el libro “Líderes en Comportamiento Animal” escribiste: No fue ningún accidente que yo me interesara después en los orígenes evolutivos e históricos del matrimonio patrilocal, la herencia del sesgo masculino, la sexualidad femenina y la preocupaciones obsesivas de la gente por controlarla”. ¿Cuándo empezaste a interesarte en estos temas y cuáles eran algunas de las motivaciones principales que tenías en esa época?

Hrdy: Debes tener en cuenta dónde crecí y cuándo. Fue en el sur de Tejas. Nací en 1946 así que crecí durante los años 50. Esta era una sociedad muy segregada y realmente muy patriarcal. Crecer en Houston era bastante parecido a crecer en Sudáfrica. También en mi familia los hombres tenían un rol muy especial. La buena noticia, en un sentido, es que era la tercera hija nacida en una familia de cinco. Era una familia muy rica y yo era una especie de heredera de repuesto. Así que no ponían demasiada atención en lo que yo hacía, aunque tuvieran ideas muy fijas sobre con quién debería casarme y qué clase de vida debería vivir. Pero una vez que era perdida de vista en la escuela, estaba bastante fuera de su mente, lo que era bueno para mí. Así que me fui de la escuela cuando tenía 16 años y creo que fue el comienzo de mi desarrollo intelectual.

Hrdy: Esto era en medio de lo que Betty Friedan después llamó “la mística femenina”. ¿De qué forma viste esta insatisfacción en juego en las mujeres a tu alrededor? ¿Cómo interpretabas esto como una chica que miraba a las mayores como modelo de condición de mujer?

Hrdy: Oh Eric, yo estaba muy despistada. No entendía. No tenía ninguna conciencia política. Estaba dándome cuenta por mí misma. Todavía recuerdo estar sentada en un seminario sobre simios en Harvard y la discusión giraba en torno a las mujeres que eran intercambiadas entre grupos como una forma de conectar hermandades masculinas y conseguir alianzas entre grupos. Recuerdo pensar para mí misma, “Esto es como debe ser ser un negro escuchando una charla en apoyo al Ku Klux Klan”. No tenía ni idea de la cultura en la que había crecido y la manera en la que las mujeres eran vistas en ella. No tenía ni idea de qué iba esto y cómo funcionaba. Estaba aprendiendo de gente más consciente políticamente a mi alrededor que, creo, a menudo se sorprendían de mi ingenuidad. En esa época el comportamiento primate y todo el esfuerzo evolutivo estaba impregnado de preconcepciones victorianas. Así que yo reaccionaba, desde un nivel muy visceral, incluso antes de darme cuenta de lo que estaba ocurriendo.

Johnson: ¿Y cuando entraste en la Universidad?

Hrdy: El año que me gradué (en Radcliffe en 1969) no había ni una sola profesora en Harvard y yo fui la primera mujer estudiante graduada de mi profesor. Los modelos femeninos, especialmente en ciencias, eran casi inexistentes. La aproximación a la biología era algo diferente para mí que ser una estudiante universitaria de antropología cultural. La narrativa dominante sobre las vidas sociales de los primates era la del babuino de la sabana donde los machos son muy políticos y dominantes y se ayudan unos a otros para controlar a las hembras. ¿Estás familiarizado con estas historias?

Johnson: Por supuesto, ese fue uno de los paradigmas dominantes para la evolución humana en ese momento.

Hrdy: Y lo era. Eso era lo que yo estaba escuchando y eso era a lo que yo respondía. No había realmente consideración a cuánta variación existía entre las mujeres. Recuerda, los modelos de entonces sostenían que había diferencia en el éxito reproductivo de los machos y no había diferencia en el de las hembras. Se asumía que toda hembra sería una madre y se reproduciría al máximo de su capacidad por lo que las hembras estarían produciendo aproximadamente el mismo número de descendientes de cada mientras que, con machos, podrían hacerlo tremendamente bien o ser un cero completo – eso era lo que se llamaba el “Paradigma Bateman”. Supuestamente, como el ovario era más grande y más rico en recursos que el esperma, eso significaba que había muchos pequeños espermatozoides compitiendo activamente por un gran, rico óvulo. Esa era la base de la suposición de que la presión de la selección era más fuerte en machos que en hembras.

Algunos de los libros de Hrdy': La Mujer que Nunca Evolucionó, Madre Naturaleza, y Madres y Otros.

Johnson: ¿Qué te llevó a cuestionar este paradigma?

Hrdy: Fue después de que comenzara a estudiar a los monos langur que comenzó a abrirse paso en mí la cantidad de fuentes de variación que había de éxito reproductivo femenino. Esto ponía en cuestión el viejo paradigma. Se había asumido por tanto tiempo que los hombres eran básicamente poligínicos (muchas compañeras sexuales) mientras las hembras eran monoándricas (un único compañero sexual). Observar a los langures me concenció de que esto no era verdad. Cuando examiné la literatura más amplia me di cuenta de lo común que era el apareamiento poliándrico en las hembras entre los primates. Ahora nos damos cuenta de que no es solamente en los primates, es en todo el reino animal.

Todo esto empezó a emerger en esa época y cuajó en mí en un artículo que preparé para la primera (y la única realmente) conferencia abiertamente feminista a la que asistí organizada por Ruth Bleier en 1985. Casi ninguno de mis colegas de biología leyeron ese ensayo – “Empatía, Poliandria, y el Mito de la Mujer Tímida” en esa época, pero ha sido recientemente publicado en “Conceptual Issues in Evolutionary Biology” (pp.131-160) de Elliot Sober. El ensayo era sobre lo inaplicable, o mal aplicado, del paradigma Bateman. Había mucha más selección en las hembras para aparearse con varios hombres por una variedad de razones: desde razones genéticas a extraer más inversión, o confundir el tema de la paternidad. En los años 70, reconocí que la confusión de la paternidad era lo que estaba ocurriendo en los langures. Pero esto era una herejía entonces. Ahora creo que está ampliamente aceptado. Creo que la historia y el origen feminista de esta idea ha sido olvidado lo que, de alguna manera, es muy malo porque sabemos lo que ocurre cuando olvidamos la historia, los viejos errores se repiten, se reinsertan los viejos sesgos. No veo ninguna razón por la que alguno de estos mismos sesgos no podría volver con otras formas como parece que ocurre en nuestra esfera política hoy.

Johnson: Hace tiempo te hice una entrevista sobre los patrones de residencia patrilocal y cómo eso altera las elecciones sexuales de las hembras. En contraste, las sociedades matrilocales son más propensas a ser igualitarias. ¿Cuáles son los factores que conducen a las diferencias entre estos dos sistemas?

Hrdy: Creo que en las sociedades en las que las mujeres tienen más que decir, y eso suele ser en las sociedades que son matrilocales y con descendencia matrilineal o donde, como es a pequeña escala en muchos cazadores-recolectores, tienes fronteras sociales porosas y patrones de residencia flexibles. Si tuviera que decir qué clase de patrones de residencia tenían nuestros ancestros diría que habrían sido muy flexibles, lo que Frank Marlowe llama multilocales. Esto quiere decir que algunas veces eran matrilocales y otras veces patrilocales y vivían con la familia del hombre. O a veces no vivían ni con ninguna de las familias porque podían votar con sus pies y moverse lejos si alguien era opresivo. Creo que estas fronteras porosas y patrones de residencia flexibles eran muy importantes para nuestros ancestros. Pero, con el tiempo, con la construcción de las poblaciones y la propiedad se hizo mucho más importante – y también se convirtió en importante defender la propiedad – es cuando se hizo mucho más duro moverse entre grupos. Las fronteras se hicieron menos porosas pero también los hombres tendieron a quedarse juntos. Los hijos se quedarían cerca de donde estaban sus hermanos y padres porque eran los mejores aliados para defender un recurso en particular.

Como sospecho que sabes, estoy convencida de que hasta hace muy poco en historia humana – y por supuesto, para mi, hace muy poco quiere decir hace 10-20.000 años – la gente no defendía los recursos. Las áreas eran tan amplias que es muy difícil imaginar a nadie defendiéndolas. Tampoco había ninguna propiedad, así que tampoco estaban defendiendo eso. Algunas personas han argumentado que estaban defendiendo a las mujeres porque los hombres siempre buscaban esposas y mujeres extra para tener relaciones sexuales. Pero la cosa es que, entre los cazadores-recolectores, la forma de criar con éxito es tener ayuda aloparental y abastecerse de ayuda de otros. Cualquiera que vaya matando a los familiares de su esposa y robando mujeres va a tener menor probabilidad de criar a la prole. Estas bandas guerreras de hermanos no aparecieron hasta hace muy poco, cuando la gente se volvió más sedentaria. Por estas razones, creo que nuestros ancestros cazadores-recolectores tenían un patrón de residencia flexible y que las fronteras de grupo eran porosas.

Johnson: Como defiendes en tu último libro, “Las Madres y Otros”, los humanos evolucionaron como criadores cooperativos. Sin embargo, la mayor parte de los estudios psicológicos (y casi todos los libros de consejos para padres) asumen que la familia nuclear es una parte integral de la naturaleza humana. ¿Cómo influye esta suposición en el tipo de consejos que reciben los padres?

Hrdy con su bebé recién nacido, Katrinka. Imagen cortesía de Sarah Hrdy.

Hrdy: En la época en la que estaba acabando “Mother Nature”(Madre Naturaleza) me di cuenta de que simplemente no había ninguna forma por la que un simio con los rasgos de historia de vida observados en humanos pudiera haber evolucionado a no ser que nuestros ancestros hubieran sido criadores cooperativos. Con esto me refiero a una especie donde los alopadres, personas que no sean los padres, hubieran ayudado a cuidar y también a abastecer a los jóvenes. Esa es la mejor explicación para los rasgos de historias de vida que tenemos en los humanos, estos periodos muy largos de dependencia que los antropólogos que estudian a los cazadores-recolectores han documentado. En otros simios, una vez que los jóvenes se destetan son básicamente independientes nutricionalmente. Pero en los humanos las crías van a tener 18-20 años cuando lleguen a producir tantas calorías como las que consumen. Así que su dependencia dura mucho tiempo. El trabajo de Hillard Kaplan ha sido muy importante para mí. Él estima que se necesitan 13 millones de calorías para criar a un ser humano desde el nacimiento hasta la independencia nutricional y que esto es mucho más de lo que una mujer podría proveer por sí misma. Además, el trabajo de antropólogos como Kristen Hawkes y James O’Connell ha mostrado que se necesitaría más de lo que la madre y el padre podrían haber proporcionado.

Johnson: ¿Y quién estaba ayudando?

Hrdy: Ahí es dónde se están proponiendo diferentes énfasis, soy de la opinión de que es algo muy oportunista y que las madres recibían ayuda de donde se podía. Podía venir de las abuelas, como Kristen Hawkes ha subrayado, y de mujeres post-reproductivas. También podía venir de padres y hombres que podían ser los padres, de familiares patrilineales, familiares matrilineales, hermanos mayores, tías, tíos, e incluso a veces no familiares que resulta que están en el grupo y que se están ganando el sustento ayudando a criar a los jóvenes. Sería un surtido variado de ayudantes, aunque serían miembros del grupo muy familiares con el niño.

Johnson: ¿Cómo puede el pasado humano ayudarnos hoy a diseñar sistemas de crianza más compatibles que estén más orientados a las necesidades de los niños?

Hrdy: Lo que hemos aprendido de Bowlby, que ha sido tan importante para mí con la teoría del apego, es que los niños necesitan esta sensación de seguridad que viene de tener relaciones cercanas con gente a su alrededor. Pero donde me aparto de Bowlby es en asumir que la madre es la única figura de apego. Por supuesto, después, Bowlby se corrigió a sí mismo bajo la influencia de Mary Ainsworth, así que quiero reconocerle el mérito a Bowlby por haber cambiado sus puntos de vista a lo largo de su carrera. Pero, durante la mayor parte de ella, estuvo convencido de que la madre era más que la cuidadora primaria, ella era la que más importaba. Como consecuencia, muchos estudios de la teoría del apego se centraron en la relación del niño con su madre. Aún así, un puñado de estudios realmente vieron, observaron, que los niños con múltiples figuras de apego tienen mayor capacidad para integrar los puntos de vista de varias personas. El trabajo de Marinus von IJzendoorn y Avi Sagi-Schwartz ha sido especialmente importante para mí en este sentido. La toma de perspectiva es una de las principales diferencias entre los seres humanos y algunos de nuestros parientes simios más cercanos. No sabemos realmente si un niño que tiene, por ejemplo, igual cantidad de cuidado de una madre y una abuela o más cuidado de un padre no puede estar igual de seguro con esa persona que como con la madre. Sin embargo, predigo que lo haría.

Johnson: ¿Cómo afecta la suposición de la familia nuclear estándar a los tipos de enfoques que los seres humanos tienen hacia la crianza? Si, como dices, hemos evolucionado como criadores cooperativos?

Hrdy: No creo que pueda ser separado de las tradiciones patriarcales. Una mujer que vive en un escenario patrilocal está rodeada de la gente de su marido. Es una figura bastante aislada y su papel va a ser, en esencia, una máquina de criar para la línea paterna. No tendrá apoyo social dentro de la comunidad de su marido. De esa larga tradición emerge esta visión de la mujer como una criatura de entrega y dedicación total que se vuelve hacia sus hijos. Fui hacia atrás y leí algunas de las primeras visiones estereotipadas de la maternidad en Europa Occidental y todas ellas estaban fusionadas con nociones de caridad y de la entrega de la mujer como el modelo de lo que debería ser una mujer. Si te paras a pensar en esto te das cuenta de que todas son desde la perspectiva de la patrilinealidad y de la perspectiva del hombre. No tiene en cuenta la perspectiva de la mujer.

SEGUNDA PARTE DE LA ENTREVISTA:

Sarah Blaffer Hrdy sobre las lecciones evolutivas de la Maternidad

Tal como analicé en mi artículo: “Las mujeres y los niños primero”, Sarah Blaffer Hrdy ha enfrentado innumerables desafíos a lo largo de su carrera científica. Sin embargo, parte de lo que hace su trabajo tan innovador y emocionante de leer es como ella ha usado esos desafíos para obtener una perspectiva más profunda en el proceso de cambio evolutivo. Mientras que lo que solía ser asumido universalmente (y en algunos círculos todavía es) que los machos de muchas especies a menudo buscan múltiples parejas sexuales, la lógica evolutiva para las hembras fue amarrada a las ideas victorianas de la castidad femenina. Irónicamente, todo lo que les hizo falta a los biólogos fue prestar atención y documentar qué hacía en realidad la hembra de la especie para socavar un siglo de hipótesis científicas. El trabajo de Hrdy, comenzando con “La mujer que nunca evolucionó”, fue fundamental para un cambio de perspectiva que se ha producido durante los últimos treinta años.

El enfoque que su reciente trabajo ha tomado con “Las Madres y Otros: los orígenes evolutivos de la comprensión mutua” ofrece nada menos que una reorientación de lo que significa ser humano. Si, como propone Hrdy, somos una especie que ha prosperado como resultado de de crianza cooperativa , una estrategia de educación de los hijos en la que una red de personas ayuda a criar a un niño sano, desafía muchos de los supuestos individualistas en los que se basa la sociedad occidental, particularmente en los Estados Unidos. Cómo podemos cambiar nuestra sociedad para volver a enfatizar la comunidad será el proyecto con el que esta generación va a tener que lidiar. Afortunadamente, hay estudiosas como Hrdy para ofrecer su visión para que no nos sintamos solos mientras lo hacemos.

Eric Michael Johnson: Tomaste una decisión difícil, poco antes de recibir la oferta para escribir “Madre Naturaleza”, eligiendo un equilibrio vida-trabajo diferente del de la carrera de académicaestándar. ¿Cómo te influenció la primatología en tus decisiones mientras pensabas en la vida familiar y tener hijos?

Sarah Blaffer Hrdy: En 1986 presenté una propuesta a la Fundación Guggenheim para escribir un libro sobre la historia natural de la maternidad. Así que yo ya estaba pensando en eso. Tenía 41 años y fue también el año en el que mi tercer hijo, Niko, nació y, estoy segura que esto no le va a sorprender a Eric, pero el libro sobre la historia natural de la maternidad no se escribió en ese año. Escribí un artículo sobre la delegación de la atención materna, el artículo sobre las nodrizas, pero ni siquiera me acerqué a conseguir tener el libro escrito. Tenía tres hijos y después mi hermano y mi madre murieron un año después del otro. Como mi madre se estaba muriendo estaba muy dividida entre las necesidades de mis hijos y mi trabajo en California. Yo estaba muy unida a ella y ella me necesitaba en Texas. Comencé a sufrir todas estas enfermedades psicosomáticas, tales como dolor de espalda y cuello, migrañas. No estaba funcionando para mí. Además de que siempre había querido ser escritora, como usted, creo.

Johnson: Sí.

Hrdy: El equilibrio de mi vida no estaba bien. Por otra parte, el estado de mi campo era tal que la enseñanza en un departamento de antropología no me traía mucha satisfacción. Es muy difícil hablar de ello y decir la verdad, porque había muchos ángulos diferentes. Pero, básicamente, escribí una propuesta de libro, lo presenté a los editores, hubo una subasta, el libro fue vendido, y de inmediato renuncié a la universidad. Me ofrecieron tomar el estado de Profesora Emérita, que me pareció una oferta atractiva. No viene con ninguna pensión o beneficios médicos, pero como mi trabajo había sido tan controvertido, fue una manera para mí de dejarlo con dignidad. Así que eso es lo que hice. Eso era 1996 y los siguientes tres años no hice nada, excepto escribir y atender a mi familia (y, como ya sabes, sólo porque ya no sean bebés no significa que no necesiten mucha atención).

Johnson: Conozco eso bastante bien. Mencionabas antes la importancia del apego en el desarrollo del niño. ¿Cómo ves ese papel hoy?

Hrdy: ¿Recuerdas aquel terrible caso de Andrea Yates, la madre a la que se dejó sola cuando ya estaba sufriendo depresión postparto? Puede que incluso ella hubiera estado sufriendo condiciones mentales peores que esa. Creo que tenía 5 hijos de menos de 8 años. Un día pierde completamente la cabeza y mata a sus hijos en Texas y fue a prisión. Laatención se centró enlo horrible queeraesto, y, por supuesto que lo era. Pero no hubo un mayor cuestionamiento. ¿Qué estaba haciendo esta madre,que sufría abusos psicológicos que ya habían sido identificados, a solas con cinco hijos y sin apoyo social o institucional de cualquier tipo?

Hrdy en la portada de la revista Boston Globe Sunday.

Creo que está volviendo en círculos sociológicamente informados el hecho de reconocer en nuestra especie lo mucho que necesitan las madres el apoyo social. Pero ciertamente no es generalmente reconocido a nivel, por ejemplo, de los políticos que aún están por ahí hablando de que saben que los niños son más saludables cuando son criados con una madre que está casada con su padre. Tenemos poderosas prescripciones sociales sobre esto sin ningún dato que lo respalde. Decir que una mujer casada con hijos en realidad está mejor que una madre soltera con una sola persona que se ocupe de los niños, así, eso es obvio. Pero no sabemos, por ejemplo, que los niños están mejor de lo que estarían si estuvieran en una familia con una madre y un padre y una abuela y sobrinos en la familia, o si estarían en mejor situación con una abuela, una tía, y una madre. En realidad, no lo sabemos porque esos no son los tipos de estudios que hemos hecho. Todos los estudios han examinado casado versus no casado o familia nuclear versus madre soltera.

Tenemos que hacer mucho más antes de que podamos hacer este tipo de afirmaciones. Los jueces toman decisiones acerca de si los niños pueden estar en una escuela en particular o sobre quién puede tener la custodia de los niños en función de la hipótesis de que los niños están mejor en ciertos tipos de configuraciones familiares. Pero hay tan poca ciencia en realidad informando en estos pronunciamientos. Los historiadores de la familia y muchos trabajadores sociales han sentido durante mucho tiempo que los niños realmente les va mejor en familias extensas. Así que estoy bastante complacida de notar, ya que estamos saliendo de esta terrible recesión y el colapso del mercado de la vivienda, que una de las pocas áreas brillantes del mercado de la vivienda son las casas y pisos multifamiliares que se están construyendo. En realidad, hay habitaciones especiales para que los suegros o abuelos puedan vivir con las familias nucleares. Creo que parte de la razón de esto es, por supuesto, financiera, ya que las personas están luchando para pagar su alquiler o hipoteca. Pero también creo que hay un reconocimiento de que estas personas adicionales están jugando un papel muy importante en la prestación de la clase de ambiente acogedor que nuestros hijos necesitan. Me alegro de verlo.

Johnson: ¿Hay otras sociedades que hayan reconocido esto?

Hrdy: De hecho, sí. Por ejemplo, en países como México tienen todavía tradiciones intactas de familias extensas. Sin embargo, como nosotros, y por las mismas razones, se están apartando de eso. Es realmente una lástima. Pero nuestro entorno económico está configurado para que la gente se mueva donde pueda obtener puestos de trabajo y nuestras configuraciones de vivienda no están diseñados para vivir con familiares o en estrecho contacto con otros miembros de la familia. Parece que tenemos una mayor preocupación por la privacidad y la posesión de casas individuales rodeadas por sus propios patios. Todo esto realmente no conduce a lo que necesitan los niños.

Johnson: ¿Qué ocurre?

Hrdy: Bueno, por una parte, gran cantidad de abusos y negligencia infantil. Está probablemente aumentando, pero cuando digo aumentando tienes que prestar atención a lo que yo tomo como punto de partida. Si empiezas desde los tiempos medievales, creo que los niños son tratados mucho mejor hoy en día. No los envolvemos y los colgamos de una puerta mientras las madres y otros miembros de la familia se van a los campos a trabajar, no los colgamos para que no se caigan al fuego o sean comidos por los cerdos. Afortunadamente no vemos el nivel de abandono que hubo, por ejemplo, Francia del siglo 18 que describo en la Madre Naturaleza donde los bebés eran enviados a las nodrizas en el campo y luego (si contra todo pronóstico sobrevivían) eran arrebatados y devueltos a una madre que apenas conocían. En comparación con las fases anteriores de la civilización occidental los niños están mejor hoy. Pero no en comparación con nuestros antepasados ​​del Pleistoceno. Las tasas de supervivencia infantil son exponencialmente más altas hoy. Eso es verdad. Pero los niños que sobrevivían en ese entonces estaban en realidad mucho mejor en términos de la clase de ambiente enriquecedor que experimentaron. Las tasas de mortalidad infantil eran altas, pero no había abuso o abandono emocional. Un niño que ha experimentado el tipo de abandono emocional que se necesita para producir la psicopatología de apego inseguro, del tipo mostrado en Bowlby y el trabajo de Harlow, simplemente no habría sobrevivido. Los padres y otros miembros del grupo eran muy sensibles a cualquier cosa que pudiera poner en peligro la supervivencia de un niño.

Si nos fijamos en los relatos etnográficos a nivel de banda de cazadores-recolectores de África o Melanesia -aunque no estoy segura de que pueda decir esto para América del Sur- lo que salta a la vista es la indulgencia hacia los niños. El abuso infantil no habría sido tolerado. Otros miembros del grupo habrían intervenido, los responsables socialmente condenados al ostracismo, posiblemente incluso expulsados del grupo si perjudicaban a un niño. No era aceptable. No tenemos esta misma sensibilidad hoy por una serie de razones. Creo que hoy tenemos una epidemia de abandono emocional de los niños, que es completamente no reconocida

Johnson: ¿Por qué crees que la crianza cooperativa desapareció de la estrategia parental?

Hrdy: Creo que lo que desapareció fue la flexibilidad en el lugar de residencia para las mujeres. Creo que cuando los grupos de cazadores-recolectores se hicieron más grandes y gente más compleja tuvo que comenzar la defensa de los territorios más comprimidos donde se ganaban la vida. Este fue ciertamente el caso con la revolución neolítica y la invención de la agricultura. Con el tiempo, a medida que se construían las poblaciones, a medida que la propiedad se convirtió en algo mucho más importante – y también se convirtió en importante defender la propiedad – ahí es cuando las fronteras se volvieron menos porosas y los hombres se quedaron juntos. Para defender áreas fijas tenía sentido quedarse cerca de los hermanos y los padres. Las alianzas de parientes varones se convirtieron en mucho más importantes. Entonces creo que pasaron dos cosas: Las mujeres se movían entre los grupos a los lugares donde ellas no tenían familiares matrilineales y los hombres se quedaban donde estaban, lo que cambiaba el equilibrio de poder en todo tipo de relaciones familiares. Pero también había límites de los grupos que ya no eran tan porosos como lo habían sido. Esto significaba que una mujer no podía simplemente coger sus hijos y dejar de estar cerca de sus parientes si ella no estaba siendo bien tratada. Creo que esa fue la primera gran transición, las mujeres perdieron la autonomía sobre sus propios activos de crianza. Y, por supuesto, con la patrilocalidad y la influencia de la descendencia patrilineal, se empieza a tener un problema con la castidad femenina por lo que realmente importa si una mujer “se va por su cuenta”. No sólo pierden las mujeres sino que los niños también tienen que encajar el golpe.

Johnson: ¿De qué manera se llevó esto a cabo? ¿Cuál fue el efecto en las mujeres y los niños?

Hrdy: Ten en cuenta las costumbres de las sociedades muy patriarcales, como la práctica del suttee en algunas partes de la India, donde después de que el marido muere la viuda tiene que arrojarse a la pira funeraria y quemarse viva. Esto protege los intereses patrilineales y la viuda no puede volver a casarse y confundir líneas familiares o reclamos de propiedad, o deshonrar a la línea paterna por conducta sexual inapropiada. Pero esto es sólo una manera de verlo. Si lo miras desde el punto de vista de los niños se ve la forma en que se ven privados de estas alomadres críticamente importantes, sus tías abuelas y abuelas y a veces incluso a sus madres. Eso es sólo un ejemplo; por supuesto, hay muchos otros. Sabemos por la maravillosa obra de Donna Leonetti comparando grupos geográficamente próximos, uno patrilineal en Bengala, y uno matrilineal en Assam, donde ponen prioridades muy diferentes sobre el bienestar del niño. En las sociedades donde las mujeres tienen más voz y capacidad de compra, las mujeres tienden a estar mejor. Mientras las ideologías patriarcales promueven la fertilidad, socavan el bienestar del niño. En la historia reciente esto se ha atado a otras tradiciones como que a la mujer se la considere responsable de todo lo que les sucede a sus hijos. Si algo sale mal, culpa a la madre. Tenemos que repensar eso. Si evolucionamos como criadores cooperativos, cuando las cosas van mal hay que decir que la culpa es de una comunidad más grande antes que de sólo la madre.

Johnson: ¿Cómo influyó tu investigación en primates en tus propias decisiones de crianza?

Hrdy: Como primatóloga estaba familiarizada con las madres chimpancé que llevaban a sus bebés por todas partes. Estaba preadaptada a sentirme impresionada por la teoría del apego. Para mí John Bowlby ha hecho los mayores aportes al bienestar humano que cualquier otro investigador de la evolución con el reconocimiento y la validación de las necesidades de los bebés humanos para sentirse seguros. Así, cuando Katrinka nació en 1977 me sentí como toda buena madre Gran Simia (leer chimpancé!). Necesitaba estar en contacto continuo con mi bebé y responder inmediatamente a ella, si ella lloraba o señalaba alguna necesidad, asegurándome que ella se sentiría segura. Estaba absolutamente convencida de que esto produciría una niña más segura e independiente, nos ahorraría un montón de problemas más adelante. Esto estaba en marcado contraste con la forma en que yo me crié. Las mujeres educadas en la generación de mi madre pensaban que si respondías a un bebé que llora estabas condicionándole a que el bebé llorase más y fuera más exigente. Por supuesto, hoy en día sabemos que lo que sucede es lo opuesto. Cuanto más seguro se encuentra un bebé, permiten tener más libertad a los que les rodean. Quieres responder a un bebé de inmediato y yo lo comprendí. Bowlby estuvo muy influenciado por la primatología y yo estaba influenciada por Bowlby, así que en esencia este evolucionista amablemente victoriano estaba justo ahí conmigo en el cuarto de los niños.

El antiguo profesor de Hrdy, Robert Trivers, proporcionando apoyo aloparental a Katrinka. Imagen cortesía de Sarah Hrdy.

Adoraba a mi bebé. Sin embargo, como una mujer que giraba su vida alrededor de este pequeño vehículo genético (esto no sé traducirlo; habla de un bebé como receptáculo/vehículo que “transporta” tus genes), me sorprendió lo ambivalente que me sentía. Siempre he sentido que mis embarazos fueron de una duración estándar y mis respuestas sexuales parecían ser como la media, así que no había razón para pensar que mis reacciones a la maternidad eran anormales. Me imaginé que tenía que entender la ambivalencia maternal mucho mejor de lo que lo hacía e hice de eso una prioridad de investigación. El libro resultante, Mother Nature, es realmente sobre amor maternal e ambivalencia. Me di cuenta que la ambivalencia humana maternal es completamente natural. Si, en lugar de evolucionar como chimpancés donde las madres se vuelcan en una dedicación total, de una forma unidireccional hacia sus hijos, hubiéramos evolucionado como criadores cooperativos, tenía sentido que sintiera la necesidad de más apoyo social y más ayuda criando a estos niños que una mujer americana viviendo en Cambridge en los años 1970s pudiera conseguir como postdoctoral. Esto me hizo repensar cómo las emociones maternales y las necesidades infantiles están actuando en nuestra propia especie. En la época en la que nació mi tercer hijo, sentí que tenía a mis patitos en fila. Entendí que mis hijos necesitaban mucho más y también entendí lo que su madre necesitaba. Necesitaba a otros a mi alrededor para ayudarme a proveer la seguridad emocional que estos niños necesitaban.

Johnson: Cuando reflexionas sobre la serie de niñeras que te criaron, ¿cómo te sientes acerca de ello con todo lo que sabes ahora?

Hrdy: En realidad estoy muy interesada en saber más. Acabo de escribir a la hermana menor de mi padre para preguntarle quién me cuidaba cuando yo era un bebé porque yo no lo sé y no hay nadie más vivo que realmente lo sabe. No tengo recuerdos de la infancia y tengo una colega muy respetada, Mary Main en Berkeley que estudia entrevistas de apego adulto y cómo la forma en que recordamos nuestra propia experiencia de crianza afecta la manera en que criamos. Estos resultan ser poderosamente predictivos. Es un área muy controvertida, pero estoy convencida de que, a pesar de que algunas de las cosas de las que hablan son difíciles de medir, son muy importantes.

Quiero saber mucho más acerca de mi infancia y simplemente no lo sé. Tengo la sensación de que otros de mi generación y de mi clase social están en el mismo barco. Cuando mi hermano murió a la edad de 30 años, mi hermana menor me dio su libro de bebé. Me quedé sorprendida por la cantidad de información detallada que había en él. Tuve la sensación de que yo sabía quién había estado cuidando de él y no era el tipo de personas que estarían guardando un libro del bebé. Pero entonces miré más de cerca y me di cuenta de que era mi letra. Yo guardé todas estas notas detalladas sobre el desarrollo de mi hermano, pero no tengo ningún recuerdo de cuidar de él. Encuentro a las personas sin recuerdos de la infancia realmente fascinantes y yo estoy entre ellas.

Johnson: No entiendo. ¿Por qué las personas no tienen recuerdos de la infancia? ¿Es un tema de apego, quizás?

Hrdy: supongo. Perdóname, pero ¿cuál es tu primer recuerdo?

Johnson: Mi primer recuerdo es cuando tenía dos años de edad, más o menos, y estaba mirándome en un espejo a mí mismo.

Hrdy: Wow, eso es metafórico. Eso es maravilloso, Eric. ¿Estabas tratando de decidir si tenías teoría de la mente? [Risas]

Johnson: Solamente recuerdo encontrarlo fascinante.

Hrdy: Me parece que tu recuerdo de infancia es realmente fascinante. Los dos años de edad están más allá de mi comprensión.

Johnson: También recuerdo estar sentado en el regazo de mi padre, alrededor de los dos años de edad, viendo la película de Star Wars. Fue la primera película que mis padres me llevaron a ver.

Hrdy: Oh, Dios mío, Katrinka fue a ver Star Wars. Esa fue probablemente la primera película que fue a ver, voy a tener que preguntarle si ella lo recuerda. Bueno, eso es increíble. Gracias.

Johnson: Muchas gracias por hablar conmigo. Me gustó mucho escuchar tu punto de vista y lo que hizo que seas la investigadora y la persona que eres hoy. Fue un gran placer.

Hrdy: Quizás algún día daremos la vuelta a la mesa, pero te preguntaré primero. Dos años de edad, mirando en un espejo. ¿Quién soy yo? ¿De dónde vengo? Eso es bueno. Espero que incluyas eso en tu blog algún día para que pueda citarlo. Me encanta.

Johnson: Bueno, claro. Lo haré.

Sobre el autor: Eric Michael Johnson tiene un grado en Antropología Evolutiva especializado en ecología del comportamiento del gran simio. Actualmente es estudiante de doctorado en historia de la ciencia en la Universidad British Columbia en el que observa la interrelación entre la biología evolutiva y la política.

2 pensamientos en “Entrevista a la antropóloga Sarah Blaffer Hrdy, por Eric Michael Johnson

  1. Me ha encantado conocer el trabajo de esta mujer, gracias por presentármela!!!
    Qué pena que parece que sus libros no están en castellano.
    Me creo firmemente lo de la crianza cooperativa.
    Lo que no quita que además, y quizás por eso mismo, la capacidad maternante individual de las mujeres está muy mermada por nuestra propia historia personal de desamparo (tal como explican Gutman, Filliozat, etc…) y que hay que trabajar en ambas direcciones, hacia afuera y hacia adentro.
    Uniendo ambas teorías, llegamos a comprender esa epidemia de “abandono emocional” que padece el ser humano y que es la esencia y el mecanismo de reproducción del patriarcado.
    Gracias de nuevo por todo lo que me aportas!
    Abrazos!

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